
El tema me aborda tras ver la película Avatar. Película de espectacular puesta en escena, digna de ser vista y un auténtico alarde de despliegue informático. Hay gente que se pone a pensar cómo combatir las descargas de Internet por superación, no por pataleta. Sin duda el Cine 3D es el futuro del cine (aunque, como siempre, sumemos dos euros por barba). Pero de esto no voy a hablar.
Me llamó la atención el fuerte componente dogmático y ortodoxo del ecologismo animista-panteísta que desprende la película en un intento más por reprochar al ser humano que viva y subsista en el mundo que él se ha creado para sí mismo. Un mundo al que nadie renuncia pero del que, al parecer, todo el mundo se queja, hasta lo cansino.
La escena litúrgica del Árbol de las Almas -a la que sólo le faltan los monaguillos con el inciensario- (fácilmente recordable para quien la haya visto y reconocible para quien la vaya a ver) formando un curiosa escena de formación del Cuerpo Místico del… ¿Mundo? en comunión ecuménica, mientras todo el cine asiste embobado a una interesante, fresca, juvenil y verde religión, no hace sino repetir clichés en absoluto descubiertos por la generación “algoreítmica” (de Al Gore) y que a fuerza de machacarnos se está imponiendo. Desde Bambi a Pocahontas, pasando por El Rey León, la Naturaleza se erige en religión alternativa. Una religión que viene a ser lo mismo, con la salvedad de que no se puede decir ni “Dios” ni “Oración”. Sustituimos el “árbol de la cruz” por el “árbol del eucalipto” (del signo del dolor y el sufrimiento al signo de “refresca la garganta”)
Lo que ocurre es que el tema de Dios y Naturaleza, o Naturaleza = Dios, ni es nuevo, ni aparentemente aporta nada de progresismo, pues la idea de “¿es usted capaz de crear un árbol o de hacerme una montaña? No, pues Dios existe, ya viene encaminado (de via, viae, “camino”) por Santo Tomás; ya el de Asís, habló del hermano lobo y la hermana abejita, y la hermana libelulita… y ya incluso Santa Teresita del Niño Jesús podía curar misioneros en Asia a distancia, desde Lisieux, sin necesidad de conectar el USB de su coleta a ningún troncho de pino.
Y está el Ymana africano, y está la Pachamama precolombina, y Rha…… La Tierra, la Naturaleza es el verdadero Dios… muy progre no es, desde luego.
Primero vienen las ideas, y luego vienen los hombres y las institucionalizan. Las nuevas iglesias de la Cruz del Eucalipto y anagrama verde en fondo de pingüino y ballena también hacen su negocio, por si alguien pensaba que el negocio sólo lo hacía el Vaticano. Estos nuevos curas de chaleco lleno de bolsillos y bolígrafo de ONG andan subiendo su pequeño via crucis bursátil, haciendo pasta a espuertas y convirtiéndose en el nuevo paganismo de sandía – verde por fuera y rojo por dentro. ¡La cantidad de gente que se está forrando a costa de la Pachamama o del Ymana, del antiprogreso y del ecologismo-visa oro y de estas nuevas generaciones embutidas en un verderolismo aflautado por las infinitas comodidades que el progreso ofrece! Esto no hace sino repetir clichés cansinos… mera copia de religiones ya establecidas.
Hombre, si se avanza, que sea para mejor. No me cambien sotana por bata de laboratorio. Y si se hacen cambios y se avanza que sea para mejor, que esto de estampanarse con los tiempos e incluso adelantarlos se supone que es para estar mejor… y ciertamente yo no veo en qué se está mejor, en qué hemos avanzado, salvo en lo de siempre: en que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.
Una cosa es cierta, la ciencia y la tecnología están dejando en mantillas a la “intelectualidad”. La película Avatar es una pocholada teconológica que no hay que perderse para flipar, sobre todo, con la realización… ahora, el guionista…buff, el guionista… hubiera preferido que el guionista hubiera sido Matt Gröening, el de Los Simpson… tal vez hubiera criticado a estos pitufos de cuatro metros, apóstoles de la berza, la belladona y la mandrágora de nuevo cuño.