El mismo rollo de siempre: la demagogia rancia, inso-portable, cansina, de carnaval. De nuevo nos viene el patrón de la izquierda convertida en Robin de Locksley, robando al pérfido, franquista y patronal sheriff de Nothingham. Otra vez con el coñazo de que esta gente está con el trabajador, con el oprimido, con el des-heredado, con el pobre, con el parado. Robando a los ricos para dárselo a los pobres. Si este mensaje viniera de una clase política realmente comprometida no sólo no engañaría sino que además se vería respaldada por el sentido común, y por un mensaje de espíritu revolucionario, comunista y solidario. Y de la clase política uno puede hablar tranquilamente porque es como si hablaras en abstracto, sobre todo después de asistir a la novela de ciencia ficción de los patrimonios que presentan nuestros gobernantes:
- Zapatero 209.206 euros (treinta y pico – poco pico – millones de las de Atapuerca)
- Corbacho 208.017 euros (más o menos lo mismo)
- José Blanco 239.6536 euros (cuarenta millones más o menos. No tiene estudios)
- Carme Chacón 156.718 euros (veinte millones y medio. Da para pocos tanques)
- Manuel Chaves ¡68.964! (once millones y medio. ¡No me he comido ningún cero!)
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Bibiana Aído 38.918 (poco más de cinco millones, que, incluso siendo bola, me parece mucho)
(A ver si encima de pobres van a ser tontos)
Asistiendo absortos a esta suerte de cábala matemática totalmente falsa (eso sin contar con que, según, algunos de estos funcionarios deben más que ingresan – hay que joderse-) y siendo los que llevan el destino de este país (a la ruina) se podría entender que ganaran lo que ganan, algo muy distinto a añadir el reflexivo-enfático “se ganan”. Pero si uno tiene la suerte de entrar en devaneos argumentales con cualquier militante y votante social-cheguevariano de a pie, tras asistir impávido al alud de despropósitos, gritos, desargu-mentaciones, salidas de pata de banco, meadas fuera del tiesto, alusiones a Franco, alusiones a que la iglesia se lleva todo el dinero – la del siglo XXI – a que los empresarios son unos explotadores, anatemizar a Aznar, quemar vivo a Bush… aderezado con gritos y aspavientos propio de quien le va en ello la paga, uno se tiene que frotar los ojos. Pues bien, a poco que escarbes, resulta que quienes argumentan estas tan robinhoodianas ideas suelen ser tipos colocados y muy bien colocados: trabajadores de banca, hijos de empresarios podridillos de dinero, funcionarios egoístas y barrigones, profesores autistas, liberados sindicales, autónomos prejubiladísimos, tipos con dos o tres casas, dos o tres coches, terrenitos a la venta… ¡Y a los tíos se les sale el corazón por la garganta defendiendo a los pobres! ¡Pero el corazón, oiga…!
Esto, los social-cheguevarianos, social-comunistas de guante blanco y cuestión teórica: ignorantes, idiotas o tre-mendamente hipócritas. Pero, ¿qué me dicen del clan de la Ceja Cavernaria? ¿Por qué estos juglares de calzoncillos de oro no hacen públicos – más públicos- sus patrimonios? No pienso citar a ninguno, no me fío de su excelsa solidaridad libre-pensadora y social-boliva-lenin-castris-cheguevariana. ¿Qué coño hacen en Cuba predicando con los bolsillos llenos de trigo? Pero estos tíos que cobran un huevo por una mierda que hacen, que están forrados de uña del dedo gordo a ceja izquierda, que a ninguno se les ocurre dar conciertos gratis, vender entradas de cine gratis o pintar techos gratis por amor a sus descamisado y oprimido pueblo, estos tíos y tías, ¿representan a las clases bajas, desfavorecidas, verdaderamente necesitadas? Abren la boca – con voces por lo general ya cascadas y trasnochadas – y cobran 30 € y llenan plazas de toros porque acude el lumpen que tal vez no cene esa noche porque ha oído berrear a su líder. Paren una idea y la cobran a casi 7 € (entrar al cine ya cuesta casi 7 €) por ver una película subvencionada que encima les sirve de plataforma para su vocinglería hipócrita. ¿Por qué no los he visto abriendo maletines llenos de billetes de cien euros yendo de casa en casa de los barrios marginales soltando puñados de billetes por las ventanas? ¿Conciertos gratis? ¿Cedés repartidos gratuitamente entre los manteros? Al revés, cuidao no les toques los ingresos…
Yo no sé hasta cuándo la izquierda de este país va a vivir de las rentas que les dejó el franquismo, y se van a seguir subiendo con las botas de puntera de plata sobre los hombros de quien verdaderamente mueve el dinero en este país que es la clase media. La palabra caradura se queda corta y los que los votan tan sólo demuestran que este país sigue votando con el hígado, no con la cabeza.
La reforma de la ley Beckham – arriba enlazada – es más oropel y guirnalda a añadir a una hipocresía intestina en esta sociedad. Científicos, artistas, creadores, futbolistas gravados con una alta fiscalidad que acabarán por no venir a este país donde Robin Hood te apunta despiadado con su infalible arco, porque se entiende que no se viene a este país a aportar nada, sino a robar y te tratan como un desalmado sheriff de Notingham. ¿Os imagináis qué hubiera hecho John Long si hubiera descubierto que Robin Hood se iba de putas con el dinero del sheriff?
Yo siempre he pensado que la diferencia radical entre la derecha y la izquierda es que la derecha te dice que te va a robar y te roba, mientras que la izquierda te dice que no te va a robar, pero también te roba. Es cierto que algunos planteamientos capitalistas resultan obscenos – con la de pobres que hay en el mundo – pero al menos a estos no se les llena la boca de igualdad, libertad y fraternidad. Te la clavan, pero no te la retuercen.



Es curioso el comportamiento de los gatos. Bueno, la verdad es que es curiosa cualquier cosa que salga de la rutina normal. Nuestro gato le tiene pánico a la escoba y a la fregona. Es algo innato, congénito. A lo mejor todos los gatos le tienen pánico a las escobas. Tal vez en su quinta vida le zurraban con la escoba. O en su tercera vida contempló cómo ese extraño ser antediluviano fue capaz de hacer ladrar y hacer salir con el rabo entre las piernas a su feroz enemigo: el perro. “Quien vence a mi enemigo, mal enemigo mío puede ser.” Tal vez no soporte la fricción de los pelos de la escoba rasgando el parqué. O en esta vida, antes de que viniera a nosotros, una escoba traidora e irrespetuosa asaltó la camada de mamá gata sembrando el pánico y el dolor en la recién parida. O sufrió en sus costillas el impacto violento de algún desalmad@ escobazo. A lo mejor uno de sus hermanitos fue devorado por ese ser bigotudo y misterioso que todo lo arrastra y lo engulle dejando el suelo aburrido de pelusas a las que perseguir. Es una fobia que yo acierto a entender insoportable, si los gatos tuvieran claro el concepto de soportar. Esté donde esté, cuando la escoba sale de su sarcófago escobero, nuestro peculiar escriba-egipcio endereza las orejas y deja de estar tranquilo mientras la momia dance a su antojo por sus territorios. Cuando la momia regresa a su sarcófago, entonces pasea moviendo el culo como una vedette, olisqueando la eficacia del bicho bigotudo. Su estado de nervios se acentúa cuando Nefertari – la escoba – se hace acompañar de Nefertiti – la fregona -. Nefertiti es más punki. Anda con las rastas humedecidas y de colores: huele a algo similar al patchouli y sus movimientos son más lentos y sinuosos que los de la rubia Nefertari. Es posible que le tenga más miedo a la punki que a la rubia, por traidora, húmeda y olorosa. 

Hace un fresco sano. La tarde se pone un echarpe negro. Los cuerpos reblandecidos empiezan a endurecerse un tanto por el otoño tardío. Mientras espero, paseo arriba y abajo por una acera aledaña a la Iglesia. En la primera subida me cruzo con un señor de unos sesenta años con pantalón negro impecable con raya geométrica y una chaqueta de ojo de perdiz en tonos marrones, chocolates y café. Lleva las manos cogidas a la espalda y luce un sello de oro en su dedo anular izquierdo. Lleva unas gafas que brillan de limpias. Hace ademán de saludarme pero parece pensárselo mejor y se limita a hacer un gesto con la cabeza. Se asoma a la puerta de la sacristía.
Huele a leña. Apenas pasan coches. La tarde se emboza el echarpe. Las notas del órgano de la iglesia se filtran por la argamasa y mi nariz huele a infancia. Y a leña, leña buena, encina, tal vez naranjo… En la parte más alta de la pequeña calle está la placita trasera de la iglesia. Hay una cabina donde un sudamericano rompe la monotonía y el silencio con el ruido de las monedas al caer. Hasta cuatro. Luego, susurros en la noche, bisbeos, eses precolombinas de desesperación, angustia… reclaman fuerza, paciencia. “Papi volverá”. Los gimoteos del trasatlántico se confunden con las notas del órgano que parece llevarse sus lágrimas al cielo. Vuelvo a abajar y a la misma altura donde antes me cruzara con el muchacho del chándal aparece una chica de mi edad con un vaquero ajustado y una cazadora roja. Lleva un bolso informal y se acaba de encender un cigarro. Al pasar a mi altura nos miramos. Lleva unas gafas redonditas veladas por el humo de la primera calada que le dan un aspecto intelectual. Hay miradas que no dicen nada, que ya es bastante. Los hombros evitan rozarse. La discusión sobre el caldero se acalora. “Depende del arreglo” suena una voz femenina y mayor. No lo puedo evitar. A la altura de la puerta de la sacristía, el hombre impecable vuelve a aparecer. Vuelve a mirarme, vuelve a preguntarse qué hago allí ignorando que tal vez yo me haga la misma pregunta. Mira el reloj y no me saluda. Nos conocemos de antes. No hace falta. Mi ancianísima delgada ya está de pie con sus manos apoyadas sobre un tapete de lana a ganchillo. Hay un florero coqueto a fuerza de manos aburridas y una funda de gafas. Recetas médicas. Los ojos de la anciana me vuelven a mirar tras el año luz de sus visillos. Ojos negros que revelan haber sido preciosos. Su mirada es profunda. “Estoy sola” dicen. “Me hubiera gustado poder ayudarla a levantarse” pienso. En la misma esquina de abajo, donde la calle se acaba, me cruzo con dos jóvenes que hablan algarabía. No les importa romper el silencio. Animada conversación que acaban en risas que sí entiendo. Tan bajo no llega el órgano.























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