“Equinidad” fiscal

Posted 4 Noviembre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones, 2. Política

El mismo rollo de siempre: la demagogia rancia, inso-portable, cansina, de carnaval. De nuevo nos viene el patrón de la izquierda convertida en Robin de Locksley, robando al pérfido, franquista y patronal sheriff de Nothingham. Otra vez con el coñazo de que esta gente está con el trabajador, con el oprimido, con el des-heredado, con el pobre, con el parado. Robando a los ricos para dárselo a los pobres. Si este mensaje viniera de una clase política realmente comprometida no sólo no engañaría sino que además se vería respaldada por el sentido común, y por un mensaje de espíritu revolucionario, comunista y solidario. Y de la clase política uno puede hablar tranquilamente porque es como si hablaras en abstracto, sobre todo después de asistir a la novela de ciencia ficción de los patrimonios que presentan nuestros gobernantes:

  1. Zapatero 209.206 euros (treinta y pico – poco pico – millones de las de Atapuerca)
  2. Corbacho 208.017 euros (más o menos lo mismo)
  3. José Blanco 239.6536 euros (cuarenta millones más o menos. No tiene estudios)
  4. Carme Chacón 156.718 euros (veinte millones y medio. Da para pocos tanques)
  5. Manuel Chaves ¡68.964! (once millones y medio. ¡No me he comido ningún cero!)
  6. Bibiana Aído 38.918 (poco más de cinco millones, que, incluso siendo bola, me parece mucho)

    (A ver si encima de pobres van a ser tontos)

Asistiendo absortos a esta suerte de cábala matemática totalmente falsa (eso sin contar con que, según, algunos de estos funcionarios deben más que ingresan – hay que joderse-) y siendo los que llevan el destino de este país (a la ruina) se podría entender que ganaran lo que ganan, algo muy distinto a añadir el reflexivo-enfático “se ganan”. Pero si uno tiene la suerte de entrar en devaneos argumentales con cualquier militante y votante social-cheguevariano de a pie, tras asistir impávido al alud de despropósitos, gritos, desargu-mentaciones, salidas de pata de banco, meadas fuera del tiesto, alusiones a Franco, alusiones a que la iglesia se lleva todo el dinero – la del siglo XXI – a que los empresarios son unos explotadores, anatemizar a Aznar, quemar vivo a Bush… aderezado con gritos y aspavientos propio de quien le va en ello la paga, uno se tiene que frotar los ojos. Pues bien, a poco que escarbes, resulta que quienes argumentan estas tan robinhoodianas ideas suelen ser tipos colocados y muy bien colocados: trabajadores de banca, hijos de empresarios podridillos de dinero, funcionarios egoístas y barrigones, profesores autistas, liberados sindicales, autónomos prejubiladísimos, tipos con dos o tres casas, dos o tres coches, terrenitos a la venta… ¡Y a los tíos se les sale el corazón por la garganta defendiendo a los pobres! ¡Pero el corazón, oiga…!

Esto, los social-cheguevarianos, social-comunistas de guante blanco y cuestión teórica: ignorantes, idiotas o tre-mendamente hipócritas. Pero, ¿qué me dicen del clan de la Ceja Cavernaria? ¿Por qué estos juglares de calzoncillos de oro no hacen públicos – más públicos- sus patrimonios? No pienso citar a ninguno, no me fío de su excelsa solidaridad libre-pensadora y social-boliva-lenin-castris-cheguevariana. ¿Qué coño hacen en Cuba predicando con los bolsillos llenos de trigo? Pero estos tíos que cobran un huevo por una mierda que hacen, que están forrados de uña del dedo gordo a ceja izquierda, que a ninguno se les ocurre dar conciertos gratis, vender entradas de cine gratis o pintar techos gratis por amor a sus descamisado y oprimido pueblo, estos tíos y tías, ¿representan a las clases bajas, desfavorecidas, verdaderamente necesitadas? Abren la boca – con voces por lo general ya cascadas y trasnochadas – y cobran 30 € y llenan plazas de toros porque acude el lumpen que tal vez no cene esa noche porque ha oído berrear a su líder. Paren una idea y la cobran a casi 7 € (entrar al cine ya cuesta casi 7 €) por ver una película subvencionada que encima les sirve de plataforma para su vocinglería hipócrita. ¿Por qué no los he visto abriendo maletines llenos de billetes de cien euros yendo de casa en casa de los barrios marginales soltando puñados de billetes por las ventanas? ¿Conciertos gratis? ¿Cedés repartidos gratuitamente entre los manteros? Al revés, cuidao no les toques los ingresos…

Yo no sé hasta cuándo la izquierda de este país va a vivir de las rentas que les dejó el franquismo, y se van a seguir subiendo con las botas de puntera de plata sobre los hombros de quien verdaderamente mueve el dinero en este país que es la clase media. La palabra caradura se queda corta y los que los votan tan sólo demuestran que este país sigue votando con el hígado, no con la cabeza.

La reforma de la ley Beckham – arriba enlazada – es más oropel y guirnalda a añadir a una hipocresía intestina en esta sociedad. Científicos, artistas, creadores, futbolistas gravados con una alta fiscalidad que acabarán por no venir a este país donde Robin Hood te apunta despiadado con su infalible arco, porque se entiende que no se viene a este país a aportar nada, sino a robar y te tratan como un desalmado sheriff de Notingham. ¿Os imagináis qué hubiera hecho John Long si hubiera descubierto que Robin Hood se iba de putas con el dinero del sheriff?

Yo siempre he pensado que la diferencia radical entre la derecha y la izquierda es que la derecha te dice que te va a robar y te roba, mientras que la izquierda te dice que no te va a robar, pero también te roba. Es cierto que algunos planteamientos capitalistas resultan obscenos – con la de pobres que hay en el mundo – pero al menos a estos no se les llena la boca de igualdad, libertad y fraternidad. Te la clavan, pero no te la retuercen.

Eterna

Posted 31 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 3. Literaria


“Cámbiale ese tipo de letra feo e ilegible. Ya cuesta entenderlo en arial a 26 cpi” (Romina)

Miré dentro de mis manos
El hueco que la eternidad guardaba
Y vi un baile de estrellas
Danzando en música negra
Noté un susurro en mis oídos
De polvo estelar y azul estrellado.
La luna no cabe en sí misma, a veces,
De lo plena que se estira.
No son suaves las notas que arremolina el sol,
Ni delfines esféricos los que se embelesan con su helio,
Ni locos con coleta que se apasionan con su amor,
Que es su fín que es su meta.
Hielo que busca el fuego, piedra que danza por ella.
Tal vez no sea sino eso, un beso,
un chasquido, una brevedad de fresa
La que puso en marcha este frenesí de infinitud.
No es ni un guerrero de muñecas ensangrentadas,
Ni una bella sin brazos envuelta en blandura,
Ni siquiera unos pies alados estampándose contra el cristal.
No es Dios padre omnitronante
Que devora a sus hijos con su pesada gravedad
Despreciando a los que quedan
Entre olas de hielo y marejada de almas.
Tal vez sólo fue eso… un beso, un chasquido,
El roce de tu labio con mi oreja
Y el estremecimiento que da mecha a tu helio.
El día que se alineen los planetas
Sabré que la muerte me habrá sellado a ti
Me habrá convertido en hielo que anhelará tu fuego.
Y danzaré eternamente en tu órbita
Sin saber ni por qué, ni para qué.

Impotencia estabulada

Posted 30 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones, 2. Política

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A veces a uno no le dejan más salida que pensar que los políticos hacen las leyes mal adrede. No acierto a pensar qué extraña cosa le puede pasar a un ministro de educación, o de lo que sea, ¡ex-profesor de Universidad! por la cabeza para pensar leyes totalmente antihigiénicas.

La educación en España es el hijo tonto de la familia, haciendo remedo de la popular frase “nos cuestas más que un hijo tonto”. Ahora que se habla de recorte del gasto público, de austeridad, de crisis, de gaitas, el tema de la educación es el fraude consentido mayor de toda la historia de la democracia. Sería para entrar en colitis aguda, en cólera irreversible o en cagalera en barrena analizar la cantidad de millones y millones y millones de pesetas primero, euros después, que se llevan tirados a la basura para que en este país cada vez se esté peor educado, nada formado y ridículamente instruido. Cuando uno invierte en sanidad, por ejemplo, millonazos y millonazos, mal que bien. se hace algún que otro hospital, hay más servicios médicos, con acento precolombino, tal vez, pero, a trancas y barrancas, se avanza en calidad de vida; cuando uno invierte en carreteras, mal que bien, bache aquí, peaje allá, autovía acullá, pues se avanza, se rueda más; cuando se invierte, perdón, se invertía, en I+D-X-Y, mal que bien, bien que mal, algo se hacía. Pero, sinceramente, ¿alguien me puede decir qué se ha conseguido con el gastazo obsceno en educación desde que al primer membrillo se le ocurrió parir la LOGSE? Nada, pero nada auténtica, nada existencial nihilista y vacía como el hueco ínfimo del último pozo de fondo de agujero negro de espacio exterior.

Cada vez que en este país alguien se tira un pedo o eyacula en duermevela cualquier reforma educativa, sirve para enmierdar más el sistema, llevarlo a un paroxismo brutal y desquiciante y gastar y gastar para nada. Es de dominio público que la educación en España es algo que no funciona, no pita. Lo sabe desde la señá Reme del entresuelo derecha hasta el pijolín de corbata de seda del ático H.

Seguro que, precisamente, la señá Reme va a entender el ejemplo que voy a poner. Lo de la educación es como cuando a uno se le corta la mayonesa, pero nunca ha sabido hacerla. Lo arregla echándole más aceite, pero lo pringa todo y hace una masa viscosa y deforme; piensa que si le pone un par de huevos ligará, pero la cosa cambia de deforme a espumoso y, aunque gana en amarillo, eso no liga ni pa Dios; debe ser que le falta ahora más aceite, – piensa el pedagógico arguiñaniano venido a menos- y vuelve a encharcar el bol de la batidora; llega un momento en que debe cambiar de bol a fuente y entonces cae en la cuenta de que, tal vez si echamos algo más de sal, aquello por lo menos intentará aferrarse a las hélices del progreso de la batidora, pero aquello empieza a soltar chispazos que ponen perdida la bancada o encimera; encabronado con la pasteta que rebosa la fuente, advierte que debe tratarse de un problema de calidad, y entonces baja convertido en un basilisco al supermercado a comprar los mejores huevos y el aceite más caro de la estantería… está seguro de que debe ser eso, ignorando que hay algunos que tienen mal ojo y mala sombra para ligar mayonesas o que, simplemente, es un lerdo en la cocina. Para cuando la misma es ya una pista de patinaje y andan rebozados desde puerta del microondas hasta monomando de grifería, jamás caerá en la cuenta de que tiene un hermoso bote de mayonesa en la alacena con el que, al menos, evitaría el ridículo.

¿Por qué se inventó la LOGSE? ¿Para qué? ¿De qué?

Y ahora, una vuelta más de batidora empujando al gandul hasta los dieciocho años a torturar a los pocos cerebros que intentan desembarazarse del barro educativo y aprender algo. Allí, sentadito en una esquinita, mirando por la ventana, sacándose mocos de la nariz totalmente ajeno a que la puta silla que calienta cuesta un huevo – de los más caros de la estantería – y, tal vez, urdiendo de qué manera puede humillar al trencilla de turno que, recubierto de inútil autoridad estéril, suspira delante de la pizarra por que toque la campana aún más, si cabe, que el gandul que suspira en su burbuja de aburrimiento por decreto.

El otro día comentábamos en el trabajo que la Formación Profesional es otra de las trampas para ratas que ha ideado este bodrio inservible. No digáis que no sería más fácil coger al chaval y ponerlo de aprendiz –como toda la vida Dios – de un fontanero o de un electricista y que aprenda de verdad. Al electricista se le subvenciona o paga o lo que haga falta y si, encima, le gusta cómo trabaja su alumno, lo contrata y punto ¿Así? ¿Tan fácil? Tan fácil y tan barato. Es más caro crear este mazinger oculta-paro y frustra personas.

Estos ingenuos deben sopesar que les queda tiempo hasta que llegue la alarma social. Margen que, por otro lado, su trabajo les ha costado: crear esta sociedad de autistas.

Señores políticos, antes de que alguien piense que no sería mala idea hacer una Universidad obligatoria y la escolarización intrínsecamente forzosa hasta la jubilación, constaten la realidad : la mayonesa ya se les ha cortado, dejen de enguarrar. Tiren el empaste y abran el bote de mayonesa que tienen en la alacena. Mucho más fácil, menos engorroso y más barato.

Gallardón: el eterno “expirante”

Posted 27 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 2. Política


Noticia de última hora con respecto a este post: 19 representantes del PP llaman “vómito” a la opiniòn de la presidente de la Comunidad de Madrid y optan por hacer la campaña electoral al PSM en contra de su líder. ZP piensa que  Rato es un buen candidato para dirigir Caja Madrid,  Bono dice que Cobo es un “hombre honrado” y Rajoy dice que no está negociando nada con Esperanza Aguirre (pues debería)

O aspirante, o suspirante o “conspirante“. Este señor, desde que lo conozco, ha querido ser alguien. Siempre se ha alabado su ambición, su proyección, su preparación, sus dotes. La verdad es que ha pasado por todos los estados de piscifactoría. Ha sido rémora fraguiana, besugo, manta raya, delfín, tiburón y ahora flirtea con las acechantes morenas. Ha llegado a ser alcalde de Madrid. Yo ya me hubiera conformado con eso. Pero quiere ser más, y lo quiere ya, obviamente porque se le pega el arroz. La ambición dicen que es una buena e inherente cualidad en un político. ¡Y a mí que me parece que no! La ambición es buena para un deportista y no creo que sea buena consejera para un asalariado del pueblo que es lo que en el fondo es un pobre político. Visto desde otro punto de vista, la historia de Ruiz Gallardón es la historia de un fracaso en cadena que se inicia con sus reiteradas intentonas por asaltar la candidatura pepeniana y que termina con un corte de mangas olímpico. El resto no deja de ser un aficionado a los agujeros y a las zanjas, y un aprendiz de perro del hortelano, que ni come, ni deja comer.

A estas alturas de la película, cualquier afiliado o simpatizante del PP ya ha constatado que elegir a Rajoy fue un error grave. Menos los círculos más almibarados a quienes les encanta situarse en una triste equidistancia, el resto, que me temo que es la gran mayoría por lo que oyes, por lo que lees, se arrepienten profundamente de haber puesto a la cabeza de la alternativa al desastre ZP a un viejo desdentado sin colmillos ni garras para morder el cadáver de la irrisoria política del tardo-socialismo (y tan tardo). El socialismo aprende, desde su ineficacia y desde su propia definición utópica, que no existe en este mundo otra estrategia política que no sea gobernar siempre. El socialismo utiliza la técnica del encantador de serpientes y emboba a quienes se dejan llevar por la meliflua y anodina música del turbante. Parece mentira que, pese a las friegas de agua del carmen de la pijiprogre Salgado con los maravillosos resultados del paro, ahora que verdaderamente está empezando la crisis – y lo que te rondaré, morena – y que nos vamos enterando de lo que verdaderamente vale un peine, tengamos el circo de oposición que tenemos. Se precisa contundencia, rigor, seriedad, eficacia, solvencia y energía. No es tiempo de movidas, rencillas, y estúpidas partidas de estratego de tres al cuarto. La posición en la parrilla de Gallardón no es buena pues su aval es Prisa y no se puede juntar la prisa y la ambición. Rajoy deambula absorto y ha olvidado ya que su objetivo es ganar la presidencia de España para mandar a este saltimbanqui que nos gobierna a paseo. Es preso de la serpiente.

Es curioso que, hasta que los socialistas no pierden el poder, el concepto de oposición no tenga las aristas tan curiosas que toma durante el mandato o el obedezcato socialista. ¿Por qué la oposición ocupa más portadas de periódicos que el gobierno? Es para nota constatar que, si uno observa nuestro breve paseo democrático, la oposición nunca ha sido objeto de crítica tan mordaz y sistemática – planeada, configurada, fruto de una fina estrategia manipuladora – . Siendo objetivos, ¿a mí qué coño me importa lo que haga la oposición? Serán ciertos los Gürtells y las movidas de Cajamadrid. Pero objetivamente, ¿qué pasa? ¿Qué nos afecta más? Desde luego esto es como cuando alguien dice que teme a los muertos y otro le contesta que a quien tiene que tener miedo es a los vivos no a los muertos. Qué más quisieran los muertos que morder yugulares. Le tengo más miedo al bolígrafo rápido firma-subvenciones del chico del cinturón de 500 euros.

No se puede caer tan burdamente en esta trampa para pardales. Y eso se debe a que fue un gran error apostar por la mula coja. Demasiado tiempo en la oposición anquilosa, encasilla, hace costra y demasiado tiempo esperando el maná, obliga a buscarse el maná en amiguismos, alianzas, insidias, y caramelitos con sabor a rosa y a puño colgaditos por todos los despachos del Congreso. Después de la trayectoria que Esperanza Aguirre ha demostrado a la cabeza de la Comunidad de Madrid, España podría inaugurar el casillero femenino de la Historia con una presidenciable mujer. Un congreso del PP donde toda esta gente que ya se confunde con su entorno, diluidos de puro aburrimiento e inacción, a cuya cabeza aparece el ambicioso de las prisas, Sr. Ruiz, vayan a incordiar mientras juegan al dominó en un bareto de barrio y dejen paso a gente con ganas de soltar bofetones, que ni España ni los Españoles están para cataplasmas. ¿Le estará pasando por la cabeza a la señora Aguirre mandar a tomar por saco esta baraja con todas las cartas marcadas? ¿Un partidito nuevo para el Congreso del PP previo a las elecciones? “Ladran, luego cabalgamos“, debe pensar. Si el PP se divide, al menos que se divida él, y no lo dividan otros.

Es obvio que la flauta del encantador de serpientes socialista ha menospreciado a la política hasta tales niveles, que la oposición ya gira en el mismo sentido que el agua de la cisterna por donde se arrastran todos. Ahora que la muerte de Sabino Fernández Campo pone un clip y da carpetazo a la lista de los grandes estadistas españoles es justo reconocer que toda la clase política actual, subidos unos encima de los hombros de los otros, no le llega al dobladillo del pantalón al “mayordomo” del rey.

El gato y la escoba

Posted 25 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones

Es curioso el comportamiento de los gatos. Bueno, la verdad es que es curiosa cualquier cosa que salga de la rutina normal. Nuestro gato le tiene pánico a la escoba y a la fregona. Es algo innato, congénito. A lo mejor todos los gatos le tienen pánico a las escobas. Tal vez en su quinta vida le zurraban con la escoba. O en su tercera vida contempló cómo ese extraño ser antediluviano fue capaz de hacer ladrar y hacer salir con el rabo entre las piernas a su feroz enemigo: el perro. “Quien vence a mi enemigo, mal enemigo mío puede ser.” Tal vez no soporte la fricción de los pelos de la escoba rasgando el parqué. O en esta vida, antes de que viniera a nosotros, una escoba traidora e irrespetuosa asaltó la camada de mamá gata sembrando el pánico y el dolor en la recién parida. O sufrió en sus costillas el impacto violento de algún desalmad@ escobazo. A lo mejor uno de sus hermanitos fue devorado por ese ser bigotudo y misterioso que todo lo arrastra y lo engulle dejando el suelo aburrido de pelusas a las que perseguir. Es una fobia que yo acierto a entender insoportable, si los gatos tuvieran claro el concepto de soportar. Esté donde esté, cuando la escoba sale de su sarcófago escobero, nuestro peculiar escriba-egipcio endereza las orejas y deja de estar tranquilo mientras la momia dance a su antojo por sus territorios. Cuando la momia regresa a su sarcófago, entonces pasea moviendo el culo como una vedette, olisqueando la eficacia del bicho bigotudo. Su estado de nervios se acentúa cuando Nefertari – la escoba – se hace acompañar de Nefertiti – la fregona -. Nefertiti es más punki. Anda con las rastas humedecidas y de colores: huele a algo similar al patchouli y sus movimientos son más lentos y sinuosos que los de la rubia Nefertari. Es posible que le tenga más miedo a la punki que a la rubia, por traidora, húmeda y olorosa. 

  Con ser curioso este miedo escénico a las cosas con palo – con los paraguas ni se inmuta, y las lámparas, así como las cortinas, las utiliza de punto de fuga – lo que no sabe mi gato es que lo observo tras mi novela. Les tiene miedo sí, pero a la vez y como complemento siente una atracción fatal e irrefrenable por los contoneos de las faraonas. Las teme, sí, pero las busca. Lo normal es que saliera chaspado y se metiera debajo de la mesa del ordenador, o en el ínfimo hueco que deja la chaiselongue con el mueble-bar, o a la leja del Zapatero (con perdón) donde dormita convertido en una placa solar a medio día, y no saliera en diez o quince minutos, mientras dura la danza del vientre. Se abre el sarcófago, inicia el baile y el tintineo de su cascabel delator sale a su encuentro. Las observa cumpliendo rigurosamente el ritual y la liturgia felinos. Agazapado, orejas de punta, ojos fijos e inmóviles y cerviz en tensión. Mientras estén, tiene que estar presente. Si por algún azar Nefertiti o Nefertari se acercan demasiado a su posición, su respuesta es violenta y confusa: suelta un bufido: fffffffffffff, da un golpe de kárate con todas sus uñas desplegadas, dos pasos atrás para luego volver a colocarse en su antífona felina.

Los gatos son gatos, pero ¿y las personas? ¿Y esas personas a las que tanto hipnotiza el miedo o su presencia que lo necesitan? Los amantes de los deportes extremos, esa extraña sensación y agradable de sentir el cuerpo lleno de adrenalina y de parálisis crepitante. O esas mujeres paralizadas ante el escobazo machista del burro maltratador, envueltas en una locura entre el odio, el pánico y algo que creen que es amor. O el síndrome de Estocolmo y ese enamoramiento del que te causa pavor. O sencillamente la curiosidad, el querer saber qué pasará o qué pasaría, el probar lo desconocido, el indagar en los porqués de lo que nos da miedo y a lo que habitualmente damos la espalda. Yo, por ejemplo, no entiendo a las personas que van al cine a pasar miedo. Yo voy al cine, normalmente a pasarlo bien, no a pasarlo mal. Hay gente que goza con el susto, el violinazo y el chisporroteo sangriento. Entiendo al novio que invita a la novia a que, en cada susto, se pegue un poquito más a la butaca…

Debe ser que lo que tememos lo desearíamos poseer para dejar de temerlo. Pienso que nuestro gato busca el miedo porque quiere saber lo que es el miedo, está cómodo, se siente distinto y vivo. No es el montón de pelusa que está en el sofá esperando a que le sacudas la cabeza. Sinceramente creo que, cuando Nefertari y Nefertiti le provocan, le encanta: se siente gato.

Re-educación

Posted 23 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones

Supongamos que han perdido el control. Supongamos que lo que todo el mundo sabe, pero que todo el mundo obvia, ha cobrado unas dimensiones tan descomunales que la Bestia creada ha roto las cadenas. Lo malo que tiene este laberinto actual es que, a diferencia del de Teseo, no hay hilo de Ariadna para volver atrás. Ni siquiera hay un previsor Pulgarcito que ha sembrado de migas de pan un camino flanqueado por gorriones hambrientos, que podrían muy bien no ser socialistas. Vamos derechos a enfrentarnos al Minotauro, catador de vírgenes.

¿Que de qué estoy hablando? Lo siento, llevo una mañana un tanto anafásica – o de cerebro caldoso-. Estoy hablando de la reeducación y de la resocialización, convirtiéndonos en otro tipo de mercancía – aunque de manufactura similar –a la criticada por Karl Marx. Somos mercancía consumista. Nos crean, nos configuran, nos educan y nos reeducan para consumir. Ni siquiera el más sabio, socrático, platónico, anacoreta, ermitaño, santón se puede rebelar o sustraer contra algo suturado a nuestro cerebro. Las series de televisión son el libro de texto y la publicidad son los ejercicios prácticos. La profusión de series televisivas, el bombardeo descarnado, la proliferación a principio de curso –como antaño las colecciones de muñequitas, barquitos, recortables, maquetas, libros, etc. – de series de marcado carácter pseudo-didáctico está empezando a conseguir que sea una cosa más en nuestro ya pesado caminar con independencia y librepensamiento. Resulta un tanto sarcástico – o de escarnio – que el destino de los hombres de España esté en manos de gente que sabrá de mucho o de casi mucho, pero ni son educadores, ni entiendo que tengan nada que ver con ellos: inclinémosnos ante el nuevo dios: el guionista berenjena de enganche y folletín.

Dada por solventada y finiquitada la nulidad formativa de las escuelas y centros educativos, certificado el óbito de la familia desintegrada por la necesidad – ojo, es lo que hay – las series de televisión ocupan el sitio de las nodrizas o matronas antiguas. Estas madres de leche son las encargadas de trasmitir bajo su criterio lo que ellas consideran justo o injusto, ético o no, en la moda o pasado de moda, permisible o no, ilógico o no, barbaridad o normalidad, incluso ficticio o verosímil. Desarmados y descabalgados, nuestros jóvenes – y no tan jóvenes – están expuestos a cualquier manipulación, engaño, hipnosis o sopapo. Si antaño tales manipulaciones se codeaban y peleaban por nuestras almas, hoy, denostadas ellas, tales maniobras van directamente a nuestros bolsillos. La impiedad del vendedor, de la franquicia, de la multinacional o del holding carnívoro es tan fría y calculadora que no hay freno. La gente no se plantea que no tiene, se plantea que tiene que tener.

Estos planteamientos utópicos de un galo asandereado e iluso llegan a la triste conclusión de que lo han conseguido. Lo han hecho, con la sutil habilidad que siempre ha caracterizado al mal – como nos advierten desde los recónditos recoveros de la Historia – claro, quien a esto lo considere el mal. Han revestido de progreso un truco más para como siempre tener poder. Y el caso es que nos lo creemos, todos. No hay que más que echar un vistazo a las programaciones de las cadenas, sobre todo A3 y T5, – pero también la 1 – para nada más por los títulos, entrever que a la gente se le plantean unas curiosas tablas de la Ley – mandamientos en toda regla – desde cómo, cuándo y con quién se folla, hasta qué y por qué debes hablar y vestir. Y cuando nos falla la madre de leche, nos viene el padrastro y la madrastra putañera de los programas del corazón. Claro, que yo no veo estos programas… tampoco  despacho con Zp o Rajoy. 

Y mientras tanto crotoreamos sobre si un secuestrador capaz de matar a sangre fría a una persona sin que le pestañee el ADN tiene 17 o 17 años y medio.

¡Qué pocas tetas sin paraíso, internados, físicas o químicas, 60-90-60 pero sobre todo 69, cursos, y otras lindezas adoctrinadoras y adoctrinantes habrá visto el secuestrador de los diciesiete! Los secuestrados, como son mayores de edad, que se jodan.

No, si aún tendremos que dar gracias de ser aleccionados con estos new-catecisms de tres al cuarto.

Sin noticias de Gurb

Posted 21 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones

El otro día una alumna aquejada por una tremenda gripe ortográfica me pregunto qué podía hacer para evitar tener tantas faltas de ortografía o para conseguir escribir alguna palabra sin ellas. Mi respuesta, como casi siempre, se basa en un ejemplo. ¿Por qué sabes que caballo se escribe con”c” , “ b” y con “ll”? ¿Porque los equinos cuadrúpedos relinchantes se escriben con “b”? Sencillamente porque esa palabra la tienes que ver, que visualizar y la cabeza, aunque aparentemente despistada, suele ser un buen dvd regrabable en mutisesión. Pero, claro, primero tienes que verla. La única solución para ello es leer. Los chavales jóvenes que consiguen tener un nivel de lectura aceptable antes de los catorce, desconocen el significado del concepto fracaso escolar y sus resultados académicos son diametralmente distintos al truño que se pasa todo el día sorbiendo mocos delante de una pantalla. (sicut vita monstrat)

Pero claro, a sabiendas de que esta chica – ya mayorcita, pues se estaba preparando un acceso a universidad por mayores – algo que superara las doscientas páginas le iba a suponer un dolor, no sabía qué libro recomendarle, y entonces me vino a la cabeza esta novelita de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb (1991) que me leí en mi adolescencia, allá por cuando Galdós alimentaba a su pastor alemán. Eduardo Mendoza no me mata,  o sí,  depende de por donde cojas el cuchillo, pero esta novelita surrealista y altiplana me parece un ejercicio literario capaz de arrancarte una sonrisa y a la vez sacudir la caja de truenos de la cabeza y despegar el vocabulario pegado en el techo.

Sirva de reflexión para tanta parida – comentaba el otro día con my partner Katulo-  y experimento estudiantil (pizarras electrónicas, PCs de quita y pon, boloñas, santoñas, cagarroñas, etc) de este plan de estudios cambiante, amodorrante, inservible e inútil (y devora churros, como nuestro camaleónico protagonista) al que nos ha llevado esta especie de octava plaga que cagó el cielo, abortó la tierra o miccionaron los mares llamados pedagogos que están sembrando de inconsciencia, de analfabetismo y de indiferencia el corral sandunguero-educativo patrio. A cambio de esto, nuestros alumnos, no sólo cada vez leen menos porque lo visual nos ciega, sino que tenemos a la plancha horas de lengua castellana dos o tres por semana (amén de la merienda de negros lingüística que supone mezclar idiomas), poca lectura y eso sí, mucho fluorescente y libros convertidos en semáforos mudos.

Si de las seis-siete horas que está un chaval en un Instíbulo dedicaran tres a leer, – sólo a eso y en la ESO - sobraban la mitad de las asignaturas.

Recuerdo un sketch de Barrio Sésamo. Salía un simpático chimpancé cogiendo un libro y poniéndoselo por sombrero en la cabeza. Y una voz admonitoria en off decía: “Si no quieres acabar como él, lee.” ¡Ay, Caponata, ay Don Pin Pón! ¡¡Por lo menos antes cantábamos la canción del nueve.. ¿cuantos son nueve?!!” Mira que soy facha pero leo. Esto es la consecuencia de ser un rojo de derechas. No entiendes nada. Y ya que estamos nostálgicos, evitemos hablar del cuadro de profesores “amarrados al duro banco de la galera turquesca del sueldo de funcionario con contrato antitanques” que se mueven menos que los ojos de Espinete. ¿Pa qué? Si nos va de putiña maitetxu.

 

Cinco minutos

Posted 20 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 3. Literaria

Hace un fresco sano. La tarde se pone un echarpe negro. Los cuerpos reblandecidos empiezan a endurecerse un tanto por el otoño tardío. Mientras espero, paseo arriba y abajo por una acera aledaña a la Iglesia. En la primera subida me cruzo con un señor de unos sesenta años con pantalón negro impecable con raya geométrica y una chaqueta de ojo de perdiz en tonos marrones, chocolates y café. Lleva las manos cogidas a la espalda y luce un sello de oro en su dedo anular izquierdo. Lleva unas gafas que brillan de limpias. Hace ademán de saludarme pero parece pensárselo mejor y se limita a hacer un gesto con la cabeza. Se asoma a la puerta de la sacristía.
Huele a leña. Las casas que circundan la Iglesia están aburguesadamente colocadas en alturas pequeñas. Son casas bajas. Cuando bajo por la acera, el señor del sello de oro ha desaparecido y me cruzo con un joven en chándal ajado y de aspecto moreno que lleva unas monedas de cobre en la mano. No parezco inspirarle confianza. No me pide. En las sombras de aquella acera estrecha ambos inspiramos desconfianza y quién sabe si temor. La acera es estrecha y coincidimos en un poste de tendido que aún conserva aromas de brea. Rozamos nuestros hombros. Se aleja con el delator sonido del chándal barato haciendo un ruido eléctrico al andar. Cuando llego al final de la calle, una ventana apenas protegida por un visillo ancestral me deja ver una señora ancianísima y muy delgada que intenta ponerse de pie apoyando sus dos manos muertas de vivir con un marcado párkinson. Por un instante me mira desde su fortaleza de ancianidad y no aparece darme importancia. Parece estar sola e intuyo que cuando vuelva a pasar por la ventana todavía estará intentando liberarse de la mecedora. Al fondo, una anacrónica tele de plasma de hijo agradecido pero ausente parlotea banalidades. De nuevo de subida, al pasar a la altura de una puerta de madera recia, casi decimonónica, se escapan las voces íntimas del interior del hogar. Gente mayor habla de cómo hacer la sopa de pescado: oigo las expresiones “así no”, “eso lleva morralla”, “la morralla está carísima”, “en caldero, en caldero”. Doy una zancada. No me parece ético inmiscuirme en recetas de sopa ajenas. ¿Y si empiezan a despellejar al pescatero?
Huele a leña. Apenas pasan coches. La tarde se emboza el echarpe. Las notas del órgano de la iglesia se filtran por la argamasa y mi nariz huele a infancia. Y a leña, leña buena, encina, tal vez naranjo… En la parte más alta de la pequeña calle está la placita trasera de la iglesia. Hay una cabina donde un sudamericano rompe la monotonía y el silencio con el ruido de las monedas al caer. Hasta cuatro. Luego, susurros en la noche, bisbeos, eses precolombinas de desesperación, angustia… reclaman fuerza, paciencia. “Papi volverá”. Los gimoteos del trasatlántico se confunden con las notas del órgano que parece llevarse sus lágrimas al cielo. Vuelvo a abajar y a la misma altura donde antes me cruzara con el muchacho del chándal aparece una chica de mi edad con un vaquero ajustado y una cazadora roja. Lleva un bolso informal y se acaba de encender un cigarro. Al pasar a mi altura nos miramos. Lleva unas gafas redonditas veladas por el humo de la primera calada que le dan un aspecto intelectual. Hay miradas que no dicen nada, que ya es bastante. Los hombros evitan rozarse. La discusión sobre el caldero se acalora. “Depende del arreglo” suena una voz femenina y mayor. No lo puedo evitar. A la altura de la puerta de la sacristía, el hombre impecable vuelve a aparecer. Vuelve a mirarme, vuelve a preguntarse qué hago allí ignorando que tal vez yo me haga la misma pregunta. Mira el reloj y no me saluda. Nos conocemos de antes. No hace falta. Mi ancianísima delgada ya está de pie con sus manos apoyadas sobre un tapete de lana a ganchillo. Hay un florero coqueto a fuerza de manos aburridas y una funda de gafas. Recetas médicas. Los ojos de la anciana me vuelven a mirar tras el año luz de sus visillos. Ojos negros que revelan haber sido preciosos. Su mirada es profunda. “Estoy sola” dicen. “Me hubiera gustado poder ayudarla a levantarse” pienso. En la misma esquina de abajo, donde la calle se acaba, me cruzo con dos jóvenes que hablan algarabía. No les importa romper el silencio. Animada conversación que acaban en risas que sí entiendo. Tan bajo no llega el órgano.
Miro el reloj. Llevo cinco minutos esperando. Por fin oigo unos tacones y una luz de escalera que se enciende. Y mi calle desaparece como si fuera tiza dibujada en pizarra.

La incongruencia de que algo se llame “provida”

Posted 17 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones

 

La imagen es un bajorrelieve que tengo en un lateral de mi despacho – si os fijáis, hay un reflejo de ventana y unos dedos hacen de riscos y peñas, pero soy yo haciéndole la foto. No sale muy bien porque he seleccionado el detalle y va encristalada. Representa a una mujer espartana a punto de arrojar al fondo del monte Taigeto un crío nacido con alguna debilidad o malformación. La cultura espartana obraba de esa manera. No valía para ser soldado, no valía. El crío que, a buen seguro, piensa que el trozo de sí mismo que lo sostiene está jugando a alguna especie de juego extraño, no sabe que acaban de decidir – las normas, la cultura, la tradición, quien sea - que no va a vivir, que le van a privar de todo, en su concepto inimaginablemente más alto: vivir. No le van a preguntar nada porque visto así es un trozo de carne bocabajo inservible. La cultura espartana, sin ninguna duda, nos ha de parecer bárbara, abominable. Cruel.

Nuestra cultura frivioliza con el aborto. Argumentan que un piñón no es un pino, ni un huevo es una gallina. Cierto.  Argumento redondo. Una madre tampoco es un hijo y precisamente porque no lo es me tiembla la inteligencia ante este conflictivo tema. Tirar a un crío desde lo alto del monte Taigeto (o dejar una cría con el cordón umbilical todavía latiendo a la intemperie en la misma  cima de tan infantil monte para comprobar al amanecer si es una buena madre para buenos soldados) me repele, me repugna, me parece sórdido, monstruoso. Salvando las distancias, alguien se empeña en que yo no vea algo monstruoso abortar sin más. Y me preocupa llegar a no pensar así. Nacer es algo obligado en cualquier ser vivo. Nacer es una obligación, un fin, algo propuesto por la puta suerte universal que nos ha traído a esta existencia. Nacer es como respirar. No debería poder elegirse algo así. Nacer no es cosa de la madre, nacer es un verbo intransitivo con un sujeto intransferible. Abortar es destruir. Es imposible que esto sea bueno.

Antes de abortar: ayudemos a la madre, adoptemos, apoyemos a la madre para que lo tenga, subvencionemos, tutoricemos, apadrinemos, no le aportemos ayuda para que se autoconvenza de que eso es un pellejo inservible. Que el que metió el pijo abra la boca, que algo tendrá que ver también. (Para abortar sí que es hijo de ella, ¿no?) Evitemos el trauma.

Feto inviable, violación, peligro de muerte para la madre. De acuerdo, pero a sabiendas de que es una barbaridad, concedamos eso, pero ya está. Ya está. Sobra. No festivalicemos el tema. No seamos espartanos de pajarita y media de encaje.

Yo tengo hijos.  Tener hijos es algo tan impresionantemente trascendental que con tanta mierda de materialismo, eurismo, trabajismo, egoísmo y hedonismo insulso lo estamos convirtiendo en mero mobiliario urbano, accesorio, complemento, moda.

Hoy se hablará de mucho facha, de mucha iglesia y de mucho Pp y de mucho meapilas. Esto no es cuestión de fe. A consecuencia de la manifestación “por la vida”. Estoy convencido de que una sociedad tan progre y alejada de la espartana puede encontrar soluciones mucho más progresistas y abiertas que matar un pellejo.

¡Dios! ¿Habrá algún marciano en otra via láctea que no flipe ante este lema..? ¡Por la vida! ¿Estamos locos? ¡Pues claro! ¿Por qué otra cosa habría que estar? 

El manotazo de Dios

Posted 16 Octubre 2009 by ariovisto
Categories: 1. Reflexiones

No es la primera vez que asistimos, más o menos en sobre aviso, al desprendimiento de ídolos, idoluchos o idolueros u otros accesorios, que pasaron de zero a hero y de hero a zero con la misma velocidad. Decepciones a la carta en todos los ámbitos de la vida, gente que, sin más, desentraña un lado exento de purpurina, dejando a la luz una descarnada imagen que luego ya no hay maquillaje mediático, ni imaginativo, ni mentira que se crea, ni lo resista.

El caso de San Dieguín de la Pampa es tal vez uno de los más significativos y paradigmáticos. San Pelusa del Ombligo Hondo lo fue todo en el fútbol. A mí me lo comparan con Pelé o con Di Stéfano, pero son comparaciones melancólicas y románticas. Después de Diego Armando Labroncona, el fútbol fue otra cosa. Pelé y Di Stéfano eran mejores porque corrían más. El mérito de Maradona era ser el mejor corriendo menos. De este modo se inauguró el fútbol moderno. Éste fue héroe y lo será. Es un dios de facto y ahora está pasando su particular calvario, pero nunca dejará de ser Maradona. No éste. Éste ídolo no cae porque no tiene los pies de barro, lo que tiene de barro es  la cabeza.

Argentina es mucho más que San Pelusa del Ombligo Hondo y es evidente que Diego es su ídolo más sonado: mucho más que el taxista licenciado, la Perón, el corralito o la Mafalda. Disfruté como un argentino más cuando le marcó aquel gol a la Pérfida Albión, cuando burló al destino con su gol manufacturado. De jóvenes, muy pocos nos elegíamos ser Maradona porque sonaba demasiado pretencioso. “Yo, Maradona” – (sí, claro… patán) Por eso mismo pienso que lo que tenés que hacer, pibe, es dejar de mirarte la pelusa del ombligo, llevarte un poco de tus pies de oro para la chola, convocás una rueda de prensa con toda la carga mediática que podás, pedís disculpas sinceras y anunciás tu dimisión como entrenador de la albiceleste y tu retirada de todo lo que tenga que ver con el fútbol. A renglón seguido, carraspeás y decís que dedicarás el resto de tu vida a ir colegio por colegio de todo el mundo hablando de lo que todo el mundo sabe que tenés que hablar. Así, posiblemente vuelva el dribling invencible y la mano de Dios, no el manotazo y el berrido de un hombre deshecho. No olvidés que los periodistas son los últimos caníbales y que te estarán esperando para chupar… esta vez tu sangre.

Por lo que vos fuiste, Diego, pibe, no cagála más.