ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Hybris


Hybris

Normalmente, la decepción se produce cuando uno quiere adivinar el futuro. Cuentan que algunos gurús sabios lo hacen. Pero también dice la historia de la filosofía – Hume – que del futuro lo único que podemos esperar es que las cosas pasen como siempre han pasado. Podemos inferir efectos de sus causas, pero nunca afirmar que tal cosa acabará por pasar. Curiosamente, ni siquiera que el sol saldrá mañana. Por mucho que miremos al fuego durante horas, jamás entenderemos que eso quema hasta que lo veamos quemar. Porque puede darse el caso de que al aplicar fuego sobre un papel, lo convierta en un billete de quinientos euros, o en un muñeco autómata que toca los platillos anacrónicamente. Esta concepción tan frustrante de verse incapaz de adivinar el futuro le lleva a uno al escepticismo. Y el escepticismo, en mi caso, me lleva a una profunda alegría. Ser escéptico te hace fuerte, decepcionarte te crea, te fortalece, hace que seas cauto y, ya que estamos filosoferos, ser cauto o prudente es un homenaje a nuestra parte divina: la inteligencia. Piensa-sé prudente-discierne-elige-actúa. Puro eudaimonismo aristotélico. La razón debe ser la que guíe mis pasos, te aleja de fanatismos, dogmatismos, cabezonerías, y es un fuerte astringente contra la vanitas. Sí, sí, la vanitas vanitatum, algo así como el egoísmo enmascarado de merengue. Tenía un amigo sacerdote – tenía y lo sigo teniendo, claro, lo que pasa es que no nos vemos ya, por mor de los desplazamientos litúrgicos, que, charrando ampliamente en los cafés, que yo llamaba pseudo-parroquiales, siempre me decía. “sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto” pero seguidamente me decía… “Pero Jesucristo fue Jesucristo, ¡qué coño! Si no, ¿a qué habría venido?” Lo “peor” de los que se parecen a Jesucristo es que son tan santos y tan similares a él en humildad, amor, comprensión, razón, amabilidad, y tan alejados del cumpli-miento (así con guión) que ni el detective mejor pagado del FBI sabría identificarlo. Cuando una persona parece demasiado santa, ya no lo es. Tienen esa tozuda manía de pensar que han sustituido al sol porque son así de buenos, y “ni un pajarillo cae de un árbol sin ellos permitirlo”, y todo gira en su torno, lo bueno, pero también lo malo.

“Señor, haz de mi silencio espada, de mi indiferencia maza que aplasta soberbias”

El pecado de hybris – uno de los más graves en la Ancienne Grece – ­aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Orgullo, altanería, insolencia, soberbia, impetuosidad, inquietud, arrebato, ultraje, violencia, desenfreno, empecinamiento, daño. Ya Hesíodo menciona “como causa de la creciente desventura de los hombres, el progreso de la hybris y la irreflexión, la desaparición del temor de los dioses, la guerra y la violencia. (…) en la edad de hierro, en la cual el poeta lamenta tener que vivir, domina solo el derecho del más fuerte. Solo los malhechores pueden afirmarse en ella” (Werner Jaeger, 1993, p. 76).

Como dijo Eurípides:

Aquel a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco.

Pero la hybris más peligrosa es que la se disfraza de falsa modestia. La ingenua serpiente que le ofreció la manzana a Eva y que se comió el tontazo de Adán, supo hacerse zalamera y buena, si no ¿de qué iba a engañar a dos seres racionales?

Decepcionarse es sano. Es un traje de gala al sentido común. Te demuestra que tu índice de criterios funciona perfectamente, que todavía sabes discernir, que conservas intactos tus valores, que tú eres tú y que no quieres que tú seas yo, que tienes integridad, que sabes ejercer lo que mamaste de tu madre, que eres un tío coherente, que gracias a Dios tienes claras las cosas y que dentro de tus ratos de hybris, ni alardeas de ellos, ni se te ocurre compadecerte del que devastó de un manotazo tus previsiones ilusas del futuro.

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Written by ariovisto

14 diciembre 2008 a 9:07 am

Publicado en 1. Reflexiones

6 comentarios

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  1. Hola ariovisto,
    ¿así que la razón es la que te lleva a pensar que al quemar un papel éste se puede convertir en un billete de 500 euros? Hay que ser escéptico con las personas que se creen que son el personaje que interpretan, por ejemplo el caso que citas de los que van por la vida en plan “fotocopia de Jesucristo”. Pero si dudas de lo indudable entonces pierdes la razón: el papel se quemará y más te vale que no sea algo de valor.

    dicybug

    14 diciembre 2008 at 1:24 pm

  2. Se contesta por aquí..?

    ariovisto

    14 diciembre 2008 at 2:03 pm

  3. Pues sí.

    Hola Dicybug. Lo mejor es quedarse con la otra opción, la del muñeco autómata que toca los platillos anacrónicamente sin que nadie le haga caso… aunque él piensa que hace feliz al niño…

    Gracias por inaugurar mi casillero de comentarios.
    Un saludo

    ariovisto

    14 diciembre 2008 at 2:05 pm

  4. Decepcionarse es decepcionante (anota eso). No es sano: afecta al estómago. Pero es inevitable porque el escéptico absoluto no es humano. Tarde o temprano todos acabamos confiando en la gente y eso nos pone a un paso de la decepción. Pero, como dices, como mínimo la decepción debe decepcionarnos. Si no es así, ¿qué somos? ¿a qué jugamos?

    dicybug

    14 diciembre 2008 at 3:12 pm

  5. Hola ariovisto. Me alegra hablar contigo directamente y no a través de intermediarios. Seguro que me gustará leerte en este blog como me ha gustado leerte en el otro (¡¡aunque a veces me cueste mucho intentar entenderte!!). Un cordial saludo.

    saporima

    14 diciembre 2008 at 8:09 pm

  6. Un honor, Saporima. La verdad es que me anima mucho que me digas que vas a leerme.Y que me comentes…¡por fin una opinión inteligente!

    No soy tan difícil de entender, lo que pasa es que me escondo un poco. Supongo.

    Saca una mantica y cuidame al esquimal, anda…

    Gracias, de corazón (por todo)

    ariovisto

    14 diciembre 2008 at 8:56 pm


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