ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

El día nuestro de cada pan

 

   No hay mayor alegría que la que te viene dada desde la sinceridad interior. Ni mayor felicidad que la que te reafirma en tus convicciones desde la satisfacción de sentirte bien contigo mismo. En muchas ocasiones los seres humanos andamos por la vida envueltos en una nube densa y gris de sospecha que nos percha el cuello hacia abajo. Somos incapaces de levantar la cabeza. La tenemos llena de plomo. Plomo gris y enfurecido.

   Ser feliz no es fácil. De hecho es imposible. Puede llegar a ser felicidad la suma de diminutas micro felicidades cotidianas, pseudo felicidades, automentiras, autoengaños, microchistes, minialeluyas. A veces nos pasamos la vida intentando convencernos de que somos idiotas y como, se supone, que nos tenemos confianza, nos hacemos los locos, o los idiotas, y nos dejamos engañar por nosotros mismos. No es la primera vez que alguien dice que la felicidad no es un fin, sino un medio. La felicidad se consigue consiguiéndola sin llegar a conseguirla. Algo así como el amor neoplatónico: nos lo colocamos bien utópico, porque conseguirlo supondría quitarle la chispa.

    ¿Y si ser feliz es imposible? ¿Qué coño hacemos aquí? ¿De qué va este juego? No tengo ni idea (con énfasis).

      La felicidad es imposible, sin embargo la infelicidad es plausible, tangible y contingente. ¿Cómo es posible que exista esta terca realidad sin su contrario? Por tanto, Eureka! Se trata de coger a la infelicidad y soltarle tremebundas mano-abiertas en el maxilar. Debe ser de los pocos bichos léxicos que no tiene antónimo reconocible en la realidad.

     Tal vez preguntándonos qué nos hace infelices, nos podríamos inocular algo que nos ayude a intuir el antídoto de la no no-felicidad. ¿Morfina?

      ¿Qué nos hace infelices? ¿La falta de dinero? ¿La falta de amor? ¿La falta de reconocimiento social? ¿La falta de salud? ¿La falta de cultura? Mmmmm.. claro… ¡La falta de felicidad! Joder…

      Vivir es la felicidad. Estar muerto es la infelicidad: lo otro, es ser pobre, ser un donnadie, estar enfermo, ser imbécil. Hay gente que piensa que siendo todo eso se puede aspirar a ser feliz: porque la felicidad es vivir. La frase “el dinero no te da la felicidad, pero se le parece tanto” es una falacia. Hubo tiempos rousseaunianos y naturales donde el hombre desconocía el dinero y no se tienen datos de que fueran crónicamente infelices.

      He llegado a la conclusión de que la infelicidad es algo crónico, y la felicidad es algo utópico.

    Esto es el día nuestro de cada pan: otra micromentira, autoengaño, minialeluya. Para otras pocas cosas sirve el lenguaje y el escribir.

           El día nuestro de cada pan, dánones hoy.

 

 

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Written by ariovisto

21 diciembre 2008 a 9:05 am

Publicado en 1. Reflexiones

6 comentarios

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  1. Hola, Ariovisto.
    La felicidad está a la vuelta de la esquina, con tal de que no vayamos a buscarla, porque en cuanto nos acerquemos a ella, se desvanece como el humo en nuestras manos. Hay quien la encuentra en el estudio, otros en la familia o en los amigos y algunos no la encuentran jamás. Creo que una felicidad completa es imposible, utópica, como tú dices, y que debemos conformarnos con pequeñas felicidades pasajeras y alternadas con disgustos y tristezas.
    Muy buena reflexión, amigo.
    Un fuerte abrazo

    GKCh

    21 diciembre 2008 at 10:35 am

  2. Hola Ariovisto,
    Creo que tienes razón. Seguiré escribiendo…
    Un beso.

    saporima

    21 diciembre 2008 at 11:06 am

  3. Hola ariovisto,
    creo que te equivocas. Yo soy feliz la mayor parte del tiempo.

    De vez en cuando algún garrulo/a se cruza en nuestro camino y nos amarga unas horas o unos días. Pero soy feliz cuando leo un libro que me gusta, cuando veo una buena peli, cuando descanso sin hacer nada, cuando juego con mis hijas, cuando veo cómo se ríen, cuando hablo con mi mujer, cuando discuto con los amigos (tangibles o ciberespaciales), cuando pinto un cuadro, cuando corro con mi tracción trasera en el PC o cuando como una naranja. El problema es que el día no tiene más horas, porque si no todavía sería más feliz.
    Hay mucha gente que no puede ser feliz, y no es cuestion de dinero. Pero a los que somos felices el dinero nos da más felicidad.
    Un abrazo

    dicybug

    21 diciembre 2008 at 11:22 am

  4. Hola ariovisto,
    ¿eres infeliz porque no alcanzas la “felicidad absoluta”?
    La búsqueda de la felicidad es una fuente inagotable de infelicidad.
    Hay que vivir, amigo mío, disfrutando cada momento, sin pararse a pensar en si somos felices o no. Si tienes ganas de pensar en el sentido de la vida, olvídalo, píllate un buen libro y vive.
    Un abrazo

    dicybug

    21 diciembre 2008 at 11:38 am

  5. Recibir en tu blog un comentario de un amigo es la felicidad.

    ¿Te suena el pasaje de El principito en el que el principito y el zorro se encuentran?

    dicybug

    21 diciembre 2008 at 12:31 pm

  6. — Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

    — ¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

    — Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

    El principito volvió al día siguiente.

    — Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

    — ¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

    — Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña.

    Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

    De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

    — ¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

    — Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

    — Ciertamente —dijo el zorro.

    — ¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

    — ¡Seguro!

    — No ganas nada.

    — Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

    Y luego añadió:

    — Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

    El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

    — No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

    Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

    — Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

    Y volvió con el zorro.

    — Adiós —le dijo.

    — Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

    — Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

    — Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

    — Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

    — Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

    — Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

    dicybug

    21 diciembre 2008 at 6:06 pm


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