ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Magos Reyes

    
El repelente fue el primero en terminar de escribir su carta a los Reyes Magos. No quería reconocer que desde que tenía recuerdos de aquel orfanato no lo tragaba. Sin duda era el más dicharachero, el más agradable, el que tenía más iniciativa, el que más amigos tenía. No tenía ninguna duda de que si aquel orfanato hubiese sido mixto, todas las crías le habrían estado revoloteando eternamente. No quería reconocer que desde que tenía recuerdos de aquel orfanato lo envidiaba profundamente. Pero aquella envidia se había convertido en su forma de vida, aquella envidia le había ayudado a superarse en su desgracia. La envidia le ayudaba a ser mejor y eso redundaba en una dependencia que lo encolerizaba todavía más.

       Cuando estaban a punto de poner los nombres en los sobres de las cartas mágicas, alguien gritó que había que ir a cenar. En los distintos diez pupitres quedaron otros tantos sobres blancos esperando el nervioso garabateo de sus remitentes. Esperó a que saliera el último y su cabeza empezó a cavilar que la habilidad y lo que él entendía como ñoñería simplona convencerían a sus Majestades para que fueran para él los mejores regalos. Sin dudarlo, se deslizó hasta el pupitre de su compañero y cambió su sobre por el de él. Al estar cerrado nadie lo notaría. Luego marchó a cenar, soñando ya con la pila de los mejores juguetes. Habían oído hablar a la directora de un nuevo benefactor del Orfanato que  había decido dejar un buen pellizco para que aquel año fuese recordado para siempre por todos los niños. Lo corroboró en la cena, de la que fue invitado, “Niños, este año es especial, pidáis lo que pidáis se os traerá, que él era muy amigo de los Reyes Magos, que incluso conoció en persona a Melchor… La cara del envidioso se iluminó. Sin duda la carta con los regalos mejores y más originales iba a ser la suya, bueno, la suya.

     Cuando terminó la cena, ilusionados por el regordete señor que tomaba café con Melchor, todos fueron veloces hasta sus pupitres para rubricar los sobres. Cuando llegaron a la puerta dio un empujón a su amigo el repelente, sin poder dejar de reír.

    Pusieron el nombre y, uno a uno, fueron echando sus cartas en el improvisado buzón hecho días antes en las manualidades de Navidad.”Para sus Majestades de Oriente”.

****

     La noche se hizo eterna. Apenas pudieron conciliar el sueño, pero los pobres niños siempre acaban por dormirse, les puede el cansancio y la actividad. No entendía, pensaba mientras intentaba engañar al insomnio, por qué aquel niño le tenía tanta manía. No entendía el empujón, no entendía las risas ni la tirria que le tenía en clase. A cada respuesta en clase, a cada juego en el patio… Pensando en por qué aquel niño triste le tenía tanta manía se durmió.

mariposas141     Se despertó con el alboroto de los demás, y cuando puso el pie en el suelo tuvo que apartar un montón de cajas envueltas en preciosos papeles de regalo. Era una pila enorme, más de quince cajas que llegaban a la altura de la cama.

  – “No lo entiendo – se dijo- no lo entiendo. Yo no quería esto. Dejé mi carta en blanco. No escribí nada en mi carta, quería que mis regalos fueran para otros niños que necesitasen más juguetes que yo. A mí no me hace falta tanto juguete…”

    Echó un vistazo al resto de los niños en la habitación y aquello era un jolgorio, una fiesta. Voces, gritos, sorpresas, oes, ayes… Todos menos el niño que le tenía tirria que andaba como loco buscando por debajo de la cama.

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Written by ariovisto

4 enero 2009 a 11:42 am

Publicado en 1. Reflexiones

5 comentarios

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  1. Hola, Ariovisto.
    Veo que has cambiado el diseño del blog. Si he de ser sincero, a mí me gustaba más el otro (yo admiraba y casi te envidiaba ese verde oliva, que no está en blogger), pero esta es tu casa y cada cual decora su casa como le apetece.
    Y respecto al cuento de Reyes que nos presentas hoy, te comento que me ha gustado, aunque el niño razone como un adulto, por su sentido comú, a pesar de que en muchos adultos el sentido común brilla por su ausencia.
    Hermosa fábula, con final feliz.
    Un abrazo y que los Reyes te traigan muchas cosas buenas

    GKCh

    4 enero 2009 at 12:05 pm

  2. Hola Ariovisto,
    Supongo que el envidioso siempre sufre, pero es cuando pasa a la acción cuando se hace merecedor de todo el castigo que reciba por ello.
    Un beso.

    saporima

    4 enero 2009 at 12:30 pm

  3. Grrracias por su comentarrrio, heterrrónimo amigo.
    En efecto, aunque el otrrro diseño fuerrrra más herrrmoso, éste parrrece más funcional, clarrro y espacioso. Y si a usted, Herr Arrriovisto le gusta más, miel sobre hojuelen.
    Tchus, mein Herr!

  4. Bufff… Me alegro de que lo del cambio de estética en tu blog no tuviera que ver con mi comentario… Ya estaba yo pensando: ¿Qué habré hecho mal esta vez? Me temo que a veces me considero el centro del universo y todo lo que sucede en él tiene que estar relacionado conmigo… Por cierto, ya sé que te lo dije en su momento, pero me encanta la canción de Scorpions que colgaste el otro día. Hoy se la he puesto a las niñas. Creo que me la voy a aprender de memoria y pronostico que se convertirá en una de mis favoritas… Gracias de nuevo!
    Un beso.

    saporima

    4 enero 2009 at 8:26 pm

  5. Hola ariovisto,
    pobre niño, tener que recibier un regalo que no había pedido es muy cruel. Yo esperaba un final feliz, más propio de estas fechas.
    Cuando era pequeño recuerdo haberme hecho el firme propósito de no dormir la noche de reyes para así poder ver a los reyes magos. Fracasé y quizá ese fracaso es la semilla de todos mis males.
    Un abrazo

    dicybug

    4 enero 2009 at 11:13 pm


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