ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Subactis mentibus,…*

     Si el sistema educativo que se malparió allá por los años 80 y que, después de treinta años, ningún gobierno, ni pepes ni pipis, ha tenido redaños de corregir y hacer una necesaria retroversión educativa – suprimiendo las consabidas y acartonadas cuestiones éticas – no lo remedia, llegará un momento en que nadie acertará a vincular directamente la crisis económica con el analfabetismo que nos asola como plaga bíblica. De hecho lo está consiguiendo. Nadie acierta a vincular  la apatía, la falta de competitividad, el facilismo, la improductividad, el conformismo, el que me lo den todo hecho, el merenguismo, el … etc, con este pastelón de burocracia examinante que termina con la estabulación de cifras y estadísticas como norte de la sabiduría. Cada vez que se intenta una Reforma Educativa se dispara por inmersión o sometimiento. Hasta ahora el fallo siempre se ha justificado porque es un sistema educativo muy complejo, y siempre se tiende a hacerlo más fácil. Que un mono sea una persona no es fácil. Yo no sé qué suerte de pedagogoso o teóricos de la educación pretenden convertir desalmados impulsos y voluntades nietzscheanas en señores con materia gris. Recuerdo aquella canción, ahora no sé muy bien de quién, que decía aquello de “en tiempo los apostoles, los hombres eran malvados, y se subían a los arboles” así, sin esdrújulas. Pues en ello andamos. ¡Y no será por apostóles!

    Para un creyente, la prueba más evidente de que Dios existe es la curiosa facultad con la que dotó al ser humano. Es curioso observar cómo un perro, una morsa o una chinche no piensan, les importa un menos uno su entorno. No nacieron con la facultad de pensamiento. Es lógico que los antiguos, aquellos que pensaban, lo primero que hicieran fuera preguntarse por qué extraño privilegio yo pienso y una nutria no. Aristóteles llegó a decir que precisamente en eso radica nuestra felicidad: en pensar. ¿Se puede llegar a olvidar uno de pensar? ¿Podemos forzar al ser humano a convertirse en una lombriz de tierra enmascarando la serie de operaciones complejas que necesita nuestro cerebro para compeltar la triada aristotélica delibera-decide-actúa? ¿Pensar es una facultad innata indestructible? ¿Se puede provocar el tontismo? ¿Uno puede ser idiota inducido? Debe ser costoso conseguirlo. De hecho el hombre, en situaciones de extrema agresión -pongamos Auchswitz- nunca deja de pensar. El cuerpo se esqueletiza, las caras se deforman, los músculos se atrofian, pero el pensamiento te martillea  y no deja nunca de reivindicarte como ser humano, como persona que se diferencia de una chinche, una nutria, un perro o una sabandija, porque se sabe tocado con el dedo de la divinidad, aquello que nos asemeja a lo inmortal: el pensar. Algunos teóricos piensan que el pensar le sale a uno de la bolsa escrotal – quien la tenga – o de las cavidades ováricas – quien las hubiere…o de las tómbolas, o las puede llegar a encontrar en los programas del cotilleo. Digo yo que pensar anda parejo con un ejercicio rigurosísimo y continuado. Menos mal que la LOGSE o LODE o LODO, no se implantó en Atapuerca, pues aún andaríamos untando las paredes de las cuevas con manotazos de arcilla y leche de cierva.

    Si a este sindiós educativo añadimos que pronto los primeros hijos de la LOGSE están a punto de llegar a puestos de responsabilidad, tenemos servido el páramo de la inanidad supina y corremos serio riesgo de convertirnos en un país catatónico, epiléptico, presa fácil de cualquier carroñero populista. Tal vez la cosa vaya por ahí. Si uno observa los desmanes sociopolíticos a los que estamos asistiendo impávidos, como si formáramos parte del reparto de Alguien voló sobre el nido del cuco, entendemos que una sociedad culta, medianamente preparada no soportaría ni garzones, ni solbes, ni violencias de género, ni burradas como las crías muertas y asesinadas, ni un largo etcétera de cosas que para cualquier intelectual de finales del siglo XIX le hubieran parecido aberraciones. Por eso, en esta suerte de involución a la que nos lleva la cobardía electoral de los genuinos adalides de la poltrona, corremos el serio riesgo de perder nuestra capacidad de pensamiento – con la que no pudo Hitler, pero bien puede poder el atontar a nuestras generaciones futuras con unas clases mediocres, insulsas, aburridas, pastelosas, inútiles… ¿Tiene España el futuro garantizado en forma de jóvenes preparados, competitivos, sufridos, valientes, imaginativos, creativos…? Según los datos de la UE sólo adelantamos a Malta (la del 12 a 1).

    La disciplina, en el puritito ostracismo en los centros docentes, se exige ahora en las casas, en los padres. Unos padres que sólo oyeron hablar del reglazo y el tirón de patillas a sus abuelos o bisabuelos. ¿Qué disciplina se pide a unos padres indisciplinados, obsesionados con el euro y pendientes de llegar a fin de mes, contando las vacaciones, las cenitas, los caprichitos y las fruslerías? La solución al fracaso educativo todo el mundo sabe que pasa por no tener hijos. El varetazo, como debió hacerlo con el tema bancario y de la economía, lo tiene que pegar el gobierno – el que esté-, echarle huevos y caer antipático. No se puede gobernar tan sólo para seguir gobernando. Esto trae consecuencias en un futuro irreversibles. Ya lo estamos viendo. Lo que no tiene un pase es que en una sociedad proporcionalmente mucho más compleja como la que se avecina con esta crisis galopante,la solución sea un sistema educativo que tenga como objetivo último el manotazo de arcilla mezclada con leche de cierva en las paredes de Atapuerca. Cualquier intelectual de siglos pasados – Jovellanos, Maeztu, Ganivet, De los Ríos, etc- nos daba sopas con honda, y lo peor, en dos tardes, resolvía la crisis. Pero aquí ¿quién?¿quién a quien su puto orgullo y egoísmo no le deje ver más allá de sus políticas narices? Hará falta otro 1917 ruso, pero sin tanta farfolla utópica y más sentido común. El revolucionario del siglo XXI debería ser el profesor, y todos los estudiantes deberían ir con una estrella roja tatuada en las sienes. Por cambiar esta mierda,  si me tiraba yo a la calle a volcar contenedores y a quemar cajeros automáticos.

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Subactis mentibus : sometidas las mentes….

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Written by ariovisto

12 marzo 2009 a 9:34 am

Publicado en 2. Política

4 comentarios

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  1. Hola, Ariovisto:

    Igual me equivoco, pero deduzco que has estado corrigiendo exámenes y constatando el desastre en que se ha convertido el actual sistema educativo. Bueno, tampoco hace falta corregir exámenes. Cualquiera que viva (y padezca en sus carnes) el sistema cada día, sabe que no has exagerado un punto y que la cosa pinta muy mal.

    Entiendo perfectamente lo que dices y no te falta razón. Al menos, te has desahogado. Lo triste es que los políticos mercadean con la educación, cambian las leyes como si solamente con eso se fuera a solucionar algo y cada vez se exige menos, se premia menos el esfuerzo y aceptamos sumisos cualquier cosa. Hasta que nos hartemos, que ya va faltando poco. Nos jugamos mucho en la educación: nada más y nada menos que el futuro del país. A ver si se enteran los politiscastros que nos desgobiernan y se ponen de acuerdo, por una vez. Pero ¡quiá!, si lo que parece que quieren conseguir es una sociedad borrega y descerebrada.

    Un abrazo, profe

    GKCh

    12 marzo 2009 at 9:18 pm

  2. Hola Ariovisto,
    Qué panorama más negro! Ya van a llegar a puestos de responsabilidad… Cómo pasa el tiempo!
    Dos besos.

    saporima

    13 marzo 2009 at 12:04 am

  3. Hola ariovisto,
    está bien pedir siempre más, pero es que de donde no hay no se puede sacar. No se puede luchar contra lo que somos. Y somos unos tarugos. Lo fuimos en el pasado y lo seremos en el futuro. Es la naturaleza humana y “la cabra tira al monte”.

    Me ha gustado tu escrito.
    Un abrazo

    dicybug

    13 marzo 2009 at 1:05 am

  4. Sí que se puede suprimir la capacidad de pensar de la gente. Lo que es peor, he podido comprobar que la gente tonta es más feliz que la gente lista. La inteligencia se está convirtiendo en un patrimonio sobrevalorado.

    Nuestro sistema educativo ya no tiene arreglo. Directamente, lo mejor sería derribarlo y empezar de nuevo. Pero claro… en realidad nadie está dispuesto a hacerlo. Los alumnos no quieren estudiar, y aprender les importa muy poco, los padres sólo quieren que sus hijos estén entretenidos, y que no les den problemas, así que cuanto menos se les exija, mejor. Así van pasando sin tener que preocuparse por ellos. Los educadores, la mitad están quemados y la otra mitad pasa de todo: no les interesa la ensañanza, ellos sólo querían ser funcionarios para trabajar poco, tener sueldo fijo y muchas vacaciones.

    Y si existe algún docente que no está quemado y tampoco pasa de todo, él sólo no puede hacer lo que hay que hacer para que las cosas cambien. Los padres preocupados, envían a sus hijos a colegios de pago, y los estudiantes preocupados, asisten a colegios de pago, o bien son tan pocos como los docentes “no quemados-no pasotas”.

    Está claro que, si los principales implicados no lo piden, los políticos no van a hacer nada para arreglar la situacion.

    variablex

    17 marzo 2009 at 9:07 pm


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