ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

¿Por qué vienes a esta hora, Critón? ¿ No es pronto todavía?

A veces, en momentos de lucidez, que cada vez son más, – lo cual no sé cómo tomarme porque vaya usted a saber de qué es síntoma tener cada vez más lucidez, lo mismo de adulto, maduro o viejo- acierto a entender por qué los griegos andaban tan a la greña obsesionados con el tema de la justicia. Pero me refiero a la Justicia, no a la polijús, que eso es otra cosa inventada ad hoc para que no acabemos a tiros. Me refiero a la Justicia hecha deidad grecolatina, cargada de razón y únicamente vestida con un peplo,  y no disfrazada de mariachi.

De todos los males, vicios, defectos y cosas ingratas que puede engendrar el bastardo hijo de Prometeo lo que más daño inflije y lo que menos rastro deja en nuestras conciencias es la injusticia. Ser injusto es muy cruel. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos, como diría el ínclito Pemán, andando pies tras pies por la orilla de un volcán, y qué mal ejercicio es. En infinidad de ocasiones optamos por convertirnos en simios togados y con quienes nos rodean ejercemos, las más de las veces de forma inconsciente, el complejo arte de administrar justicia. Y en muchas ocasiones fallamos en la magnitud anfibológica del término. La injusticia genera ingratitud, menosprecio, desaliento, desconfianza, incomprensión, egoísmo y sobre todo más injusticia, porque a nuestro particular reo, normlamente, no le dejamos otra salida que devolver injusticia por injusticia. Lo de amaos los unos a los otros iba con segundas, sin duda. No seas injusto con tu prójimo.

Asociamos injusticia a macroinjusticia: masacres, pandemias, hambrunas, desequilibrios sociales, abusos políticos. Y desde luego lo son, pero hay otras injusticias de andar por casa que para el vivo no abúlico suponen un triste pesar en las horas machadianas de la noria y el recuerdo. He sido injusto.- te susurra la noria.

Por eso el tonto de Sócrates, camino ya de la fértil Ptía, rehusó la propuesta de huida del bueno de Critón después de que las Leyes le comieran la cabeza

Quizá dijeran las leyes: ” ¿Es esto, Sócrates, lo que hemos convenido tú y nosotras, o bien que hay que permanecer fiel a las sentencias que dicte la ciudad?” Si nos extrañáramos de sus palabras, quizá dijeran: “Sócrates no te extrañes de lo que decimos, sino respóndenos, puesto que tienes la costumbre de servirte de preguntas y respuestas. Veamos, ¿qué acusación tienes contra nosotras y contra la ciudad para intentar destruirnos?

Prefirió beberse la cicuta a ser injusto con una ley que él mismo reconoce injusta. Claro que, ni somos tontos ni somos Sócrates y eso de no devolver injusticia por injusticia lo llevamos pero que muy mal.

Nuestros denostados jóvenes andan pez en sentido de la justicia. Son injustos con sus padres, son injustos con sus hermanos, son injustos con sus mayores, son injustos incluso con sus amigos. El concepto de justicia que tienen muchos de ellos es atroz, porque no existe, porque acabarán por no saber lo que ser injusto. De momento andan intentando discernir lo que es bueno de lo que es malo. Para muchos lo injusto se limita a quedar bien o mal. Y puesto que la cultura, como la materia, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, veremos en qué se convierte la sociedad cuando caiga en manos de estos inopes sofistas justicieros. Debemos inculcar urgentemente el sentido de la justicia. El extremo griego es personificar a las Leyes como si fueran los Ángeles de Charlie… y el otro extremo es el de Clint el Sucio, diciendo aquello de “Vamos, alégrame el día”. Si perdemos el sentido de la justicia o si esperamos encontrar un modelo en dirigentes socio-políticos, educadores o padres acrisolados (de crisis), estaremos logrando un pintoresco zoológico de desagradecidos donde el todo vale será el leit motiv que acabará por desquiciarnos.

Todos sabemos lo que duele que sean injustos con uno en lo más nimio. Te sientes como vacío, como incrédulo y se tiende al escepticismo. Todos sabemos cómo se siente uno cuando contempla una injusticia: la mayoría de las veces, impotente. De alguna manera habrá que empezar por no ser injusto uno mismo y denunciar la injusticia siempre, aunque sea para sí en la alcoba del remordimiento, cuando se va pensando por la calle casi en voz alta, sobreviviendo en este Tormes moderno en el que ni Lázaro con toda su astucia hubiera sobrevivido.

Hagamos un curioso ejercicio y redactemos una lista de las veces que han sido injustos con nosotros mismos; a continuación hagamos lo mismo pero marcando las veces que hemos sido injustos nosotros con alguien. Sólo el empate de ambas listas nos dirá si hemos sido sinceros. Y es que, como decía mi madre, santo que no mea, no tiene peana; y eso siendo buenos…

Preguntarse a sí mismo de vez en cuando “¿he sido justo?” Es un inteligente y sano ejercicio..


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Written by ariovisto

27 marzo 2009 a 1:00 pm

Publicado en 1. Reflexiones

10 comentarios

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  1. ¡Ay, Ariovisto, cuánto podemos aprender de los clásicos y nos obstinamos en olvidar y menospreciar! De la justicia y de otras muchas cosas, en las que nos daban cien mil vueltas. Parece que, entre tanto progreso tecnológico (que está muy bien, no lo critico), caminamos, sin embargo, de regreso a las cavernas en lo que a ética y moral se refiere.

    Con los modelos que ofrece la sociedad, ¿cómo vamos a pedirles a los jóvenes que tengan clara una idea de justicia? Pero si todo lo que ven a su alrededor es corrupción, famosetes de tres al cuarto, insolidaridad y la idea de que lo único importante en la vida es ganar de dinero, aunque sea a costa de pisotear a los demás. Quiero tener la esperanza de que algunos de ellos son más sensatos que muchos adultos y de que tal vez intenten cambiar, en lo que puedan, este maldito avispero, este nido de víboras, este festín de buitres y carroña.

    ¡Gran Ariovisto, qué bueno que viniste!

    Abrazos

    GKCh

    27 marzo 2009 at 5:38 pm

  2. Hola Ariovisto,
    Hoy tengo la mente un poco invadida por el reciente recuerdo de una injusticia de las de andar por casa y si intento hacer el ejercicio que nos propones sólo se me ocurre esa… Mañana sería capaz de hacerlo mejor… El problema se agrava cuando la persona que según tu punto de vista ha sido injusta contigo está absolutamente convencida de que no lo ha sido, de que tú te has ganado a pulso el trato que has recibido. Que algo sea justo o injusto lamentablemente es subjetivo y por mucho que intentes explicar a alguien tu punto de vista, si él lo ve de otra manera, es difícil que le hagas cambiar de opinión. Y tú te sientes tratado con injusticia, te sientes triste y abatido y solo el tiempo puede hacer que lo olvides y que empieces a sentirte algo mejor…
    En días como hoy no veo la luz del sol brillar ni oigo el aleteo de las mariposas…
    Por suerte, estos días pasan pronto…
    Dos besos.

    saporima

    27 marzo 2009 at 6:16 pm

  3. Gracias por pasarte a tomar una copita, amable Ariovisto.

    Algo de esa suerte tengo, sí señor. Ni ella es Elizabeth ni yo soy Browning, pero sí es verdad que ella es poetisa y es cierto que yo me borraría del mapa si ella desapareciera.

    Volviendo a tu artículo de hoy, te diré que el ejercicio que propones me ha recordado un poco una cosilla que leí en Séneca, además de traerme a la memoria el examen de conciencia que hace uno antes de confesarse. En este caso, examen de justicias e injusticias puestas en una balanza. Si fuéramos capaces de hacerlo todos los días o, al menos, todas las semanas, tal vez estuviésemos salvados. Sí que me parece un sano e inteligente ejercicio, como dices. Habrá que ‘intentallo’…

    Un fuerte abrazo, Visto (Bueno).

    GKCh

    28 marzo 2009 at 12:14 am

  4. He perdido a Saray… ¿Sabes si volverá? 😦
    Dos besos!

    saporima

    28 marzo 2009 at 7:25 pm

  5. Puede que sea una estupidez pero, tras leer tu comentario a mi ‘carta de amor’ (quien ama tanto no puede quedarse vacío) me ha hecho pensar en que, quizás, quien ama tanto, no sea capaz de volver a hacerlo…Espero equivocarme, sobre todo por ‘amar tanto’ a la persona que ha demostrado ser la más inadecuada.

    Un besazo amigo de la naranjita exprimida.

    altisidora

    28 marzo 2009 at 7:58 pm

  6. Hola ariovisto,
    supongo que los jóvenes tienen el mismo sentido de la justicia que los más mayores… solo que todavía no les preocupa porque andan todo el día a ver si “pillan”.

    Ya se lo decía Sócrates a Critón camino de Ptía (la fértil, ¡eh! no te confundas con la otra)…
    Un abrazo

    dicybug

    29 marzo 2009 at 7:34 pm

  7. ¡¡¡Olé por mi profe!!!

    Me encanta lo que has escrito de la injusticia, pero mejor no hago el ejercicio que propones… Aún me duelen algunas injusticias laborales y amorosas que he tenido la desgracia de padecer… Así que, mejor ya lo pensaré mañana -Scarlett dixit, jejeje-.

    MIL BESOS, MY DEAR PROFE.

    Puri

    29 marzo 2009 at 9:03 pm

  8. ¡Toc, toc!

    ¿Hay alguien aquí? Es que yo vivo en el semisótano y hay demasiada humedad. De hecho he venido en barca. Era por mudarme, porque este ático parece muy acogedor…

    dicybug

    30 marzo 2009 at 3:45 pm

  9. ¡Qué sorpresa Ariovisto! Pensaba que tu blog era otro -al que llegué pinchando tu nombre en el comentario que dejaste en mi blog- y aquí descubro que hay más aún. Prometo pasearme por aquí también e ir descubriendo las huellas que vas dejando.

    Muchas veces he reflexionado sobre lo difícil que es ser justo en esta vida para con los demás y para con uno mismo. Creo que lo primero que hay que hacer es ponerse en el lugar de los otros. Pero como eso es muy difícil y conocer verdaderamente el porqué de los actos ajenos es imposible para los hombres, lo mejor es tratar a los demás con la máxima caridad posible. Luego ya habrá Otro que se encargue de impartir la Justicia que falta en la tierra.

    Para con uno mismo sobre todo cuando no aceptamos las consecuencias de nuestros actos, y nos escabullimos de los efectos negativas que traen consigo. Siempre he pensado que el arrepentimiento debe ir unido a la aceptación del castigo en su integridad, porque si no, no hay verdadero arrepentimiento.

    Por eso no sé bien cuándo han sido verdaderamente injustos conmigo, y sí cuándo lo he sido yo. Y me apena profundamente cuando un gesto, una palabra mal pronunciada o una actitud ligera por mi parte ha causado, sin yo quererlo, un daño a otro.

    Un saludo

    Rictus Morte

    30 marzo 2009 at 11:35 pm

  10. Creo que la cuestión no es que los jóvenes hayan perdido de vista lo que es la justicia o la injusticia. Cuando uno suspende un examen, después de haber “estudiado” durante, nada menos que 30 minutos seguidos, lo oirás lamentarse “¡¡es injusto!!”, lo que demuestra que saben qué es la justicia.

    A mi parecer lo que se ha perdido es la empatía. El “no hagas a los demás lo que no desees para tí mismo”. No comprenden que si golpeas a alguien, le duele. Por eso se golpean entre ellos como diversión.

    Es curioso que en estos tiempos en que muchos rechazamos la enseñanza de la religión en las escuelas, al mismo tiempo recordemos máximas cristianas como “amaos los unos a los otros”, “no hagas a los demás lo que no desees para tí mismo”, etc… Quizá ocurre que la ética, si no va unida al imperativo de un mandato divino, no tiene la fuerza necesaria para atravesar la capa de egoismo de la gente y llegar hasta ella.

    variablex

    31 marzo 2009 at 1:41 pm


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