ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

La gloria de su desnudez.

Para cualquier estudiante de la LOGSE el Renacimiento supone despelote. El clavel se abre definitivamente y revienta en rojo apagando la tenue y mortecina llama de la Edad Media. Eso para quien sepa lo que es el Renacimiento, que no tantos, no tantos.

Discutía yo hace poco en otros foros sobre la polémica de la pureza de la poesía y el debate acabó en la necesidad de muchas personas de mostrarse siniestras, sobrecargadas y totalmente disfrazadas, hasta tal punto que no sólo acaban por mostrarse irreconocibles, cual fantasma de la ópera, ad alterum sino que acaban por ni siquiera conocerse ad ipsum. El tema se retorció al reconocer que no siendo la poesía otra cosa que las palpitaciones de voluntad de poder de cualquier ser humano, en su intento de huir de este mundo falso y racional (y – racional) y, por tanto, simulacro último del propio creador, se terminó en acordar que tal artificiosidad no era sino pura necesidad. El hombre se esconde tras sus creaciones porque nadie está a gusto con cómo es, y para los perfectos, nadie está a gusto con cómo son los demás y entonces nos alambicamos y nos camuflamos en oropel y metáfora hasta asemejar siniestros Panzers de la II Guerra Mundial en un vano intento por manipular nuestro entorno. La del alba sería, cuando la discusión acabó pasando de la metafísica más irónica y divertida al marxismo más divertido e irónico. Tanto fue así, que recordamos que el hombre necesita transformar su entorno (praxis), vamos, que no puede estarse quieto. Y entonces renuncia a una de las mejores virtudes que tiene: la naturalidad y se aliena. (Como la chica de Ken Follet, el nombre digo)

Creación de Adán - Capilla Sixtina
Creación de Adán – Capilla Sixtina

Miguel Ángel Buonarroti – cuyo recuerdo se me va inmediatamente a la película El Éxtasis y el Tormento, (The Agony and the Ecstasy) dirigida por Carol Reed en 1965 (bonito año) e interpetada por el simpar Mr. Charlton Heston – Buonarroti se convirtió en un proscrito revienta lápidas por mor de saber qué coño era un deltoides o un abductor, en su desmedido afán por reproducir los desnudos de un modo real y fiel. El bueno de Julio II (Rex Harrison), acostumbrado a los asardinados pantócratos medievales, con Cristos enfundados en pesadas túnicas colgando de la Cruz – como si esto último no fuera suficiente tormento- estalló en ira (admirabile visu!) al ver a los personajes de la Biblia en pelota picada sembrando el techo de la capilla, que debía servir de recogimiento al Santo Padre, de cuerpos “demasiado” bien hechos. Miquelanchelo discutió con Julio que instaba al provocador de Caprese a que les pasara una bayeta vileda por los equiliquás y, como todo creador henchido de voluntad de poder, acabó por espetarle al mecénico papa que los pintaba en “la gloria de su desnudez“. Le vino a decir que Dios no creó al hombre con vaqueros y a las mujeres recubiertas de Victoria’s Secret.

Escena del Pecado Original - Capilla Sixtina
Escena del Pecado Original – Capilla Sixtina

Reivindico la naturalidad y rehúso de lo obstruso y complicado. Reconociendo que la naturalidad asusta. Nos asusta. Nos asusta mostrarnos como somos. No defiendo yo aquí las aldeas naturistas donde la Tere va a comprar el pan en moda renacentista, y la recibe el Bartolo secando el pellejo, pero sí que es cierto que cuando las cosas son como son, como son, son. Y cuando son como son, son infinitamente mejores que como las alteramos y modificamos. Porque no somos Messi y no nos movemos bien jugando a ser dioses y nos parcheamos adquiriendo un aspecto patético de balón de tercera división. Bien porque no nos gusta cómo somos, bien porque pensamos que no gusta a los demás cómo somos, o bien porque, realmente, le importa un pie a los demás cómo somos, lo cierto es que tenemos cierta tendencia a la primigenia tragedia griega y nos tiramos al escenario con máscara y coturnos. Y eso por mucho que apelemos al amor y a la caridad de aquellos que nos quieren que, o bien nos salva, o bien nos acaba por condenar a una vida fantasmaopérica donde nos acabamos por sentir a gustito. ¡Qué remedio!

Por esto, la poesía pura, cuyo grandioso padre y maestro fue y será Juan Ramón Jiménez, se revela como algo tan puro que se sale de lo natural, y por tanto vuelve al redil de lo estrafalario. Y por eso, cuando ya las piquetas de los gallos cavaban buscando la aurora, acabamos por determinar que en este mundo heracliteano del panta rei, es tal el follón y el veneciano desfile que nos asiste, que es del todo inútil mostrarse como cada uno es -en la gloria de su desnudez-,  porque siempre habrá quien piense que esa naturalidad es artificial. Lo cual supone un bucle desquiciante que te empuja a soñar que te estampas en el techo de la Capilla Sixtina, en pelotas, oliéndole los pies al mismísimo Jeremías, y los de abajo, que miren, a ver si te reconocen por el equiliquá…. trasero.

Anuncios

Written by ariovisto

3 abril 2009 a 12:38 pm

Publicado en 1. Reflexiones

10 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Hola Ariovisto:

    No he entendido ni jota. ¿Se supone que quieres decir que la poesía pura (no sabía que existía una poesía pura y una poesía impura…) nace del impulso de mostrarse uno mismo como es, huyendo así de una sociedad que nos impone utilizar máscaras y disfraces, impidiéndonos ser nosotros mismos ante los demás?

    Ay, inocentes…

    variablex

    3 abril 2009 at 2:55 pm

  2. Hola Ariovisto,
    A todo el mundo le gusta gustar, pero como cada uno tiene gustos diferentes, es imposible gustar a todos. Por eso, efectivamente, lo mejor es ser natural. Mostrarte como eres. De esa forma no podrás arrepentirte de haber escogido representar un papel inadecuado. Siendo puro, gustarás a unos y no a otros. No puede ser de otro modo.
    Preciosos los poemas de Juan Ramón Jiménez. Me quedo con ganas de leer más. Me lo apunto.
    Dos besos.
    PD. Tu final me ha hecho sonreir.

    saporima

    3 abril 2009 at 4:40 pm

  3. Hola ariovisto,
    la realidad es que no se puede ir por el mundo con las vergüenzas, de cualquier tipo, al descubierto. Es una medida de autoprotección. Y es que resulta que la gente del montón tenemos sentimientos, y más vale representar que lamentar. Eso es lo natural, y ser transparente es lo absurdo.

    Ya se lo decía Miguel Ángel a Herodoto…

    Un abrazo

    dicybug

    3 abril 2009 at 9:09 pm

  4. ¡¡Profeeeeeeeeeee, magnífico texto!!

    Coincido con Saporima en que todos debemos mostrarnos como somos, sin esperar elogio, porque aunque a todos nos gusta gustar no se gusta a todos… Anda, ¡parece un trabalenguas, jajajaja!

    MIL BESOS, MY DEAR PROFE.

    Puri

    4 abril 2009 at 12:27 pm

  5. Hola Ariovisto,
    Acabo de escuchar el último vídeo que has colgado (Scorpions – Deadly Sting Suite). Imagino que vivido en directo tiene que ser sobrecogedor.
    Dos besos.

    saporima

    4 abril 2009 at 12:53 pm

  6. Hola Ariovisto,

    Sólo desearte un muy feliz Domingo de Ramos. En Sevilla luce el sol, ahce calor y el olor a azahar es fuerte y profundo…así que esta naranjita se va a disfrutar de una de las 2 semanas grandes de esta hermosa ciudad que me vió nacer (y crecer) y a la que adoro…

    Un besazo anaranjado y con aroma a azahares e incienso.

    altisidora

    5 abril 2009 at 5:00 pm

  7. Hola Ariovisto,
    Unos amigos nuestros y un compañero de mi marido y su mujer viajaron a China a por sus hijas después que nosotros y a las dos parejas les ofrecí mi peculiar lista. Estas cosas son muy personales, pero una lista de este tipo elaborada por otra persona quizá puede servir para que en algún caso no se te pase algo que hubieras querido llevar. De cualquier modo, yo la guardo con cariño. Detrás de sus elementos hay muchos recuerdos asociados.
    Dos besos.

    saporima

    5 abril 2009 at 7:22 pm

  8. Hola, Ariovisto:

    Tienes razón en lo de que la naturalidad nos asusta, pero (y no me preguntes por qué) solemos vestirnos con no sé qué ropajes, como el propio Juan Ramón escribió hablando de la poesía. ¿Por qué no ser más naturales? ¿Por miedo a caer mal, a no formar parte del grupo y sentirnos solos?

    Me ha gustado mucho lo que has escrito, sobre todo el final: equilicuá… el trasero. Con bastante de cursilería, pero mucha gracia, a eso lo llamaba Ramón el ‘culitrampis’.

    Un abrazo, don Visto

    GKCh

    5 abril 2009 at 10:47 pm

  9. ¡¡¡Por todos los dioses!!! No había pensado en lo cerca que me ponen de la iglesia la combinación de mi nombre y la primera letra del apellido. ¿Y ahora que hago? ¿Me cambio el apellido o me voy comprando una mitra, por si acaso?

    variablex

    6 abril 2009 at 12:03 pm

  10. Pues sí, sería una forma curiosa de acabar con la polémica, je, je, je. Pero, pensándolo bien, no me veo con faldas y tocado.

    variablex

    7 abril 2009 at 10:25 pm


Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: