ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

El sindiós

Grandes tipos Rousseau y Hobbes. Grandes pensadores a cada cual más dispar. El primero venía  a decir que el hombre nace bueno, pero la sociedad, perversa en su progreso, lo hace malo, y plantea la vuelta a los árboles de la ignorancia; por el contrario, Hobbes tiene claro que el hombre es malo por naturaleza y, por tanto, la sociedad que crea la hace a su fantoche y desemejanza.
Que una Constitución se base en uno o en otro determina la naturaleza global de todos los súbditos a dicha ensalada de leyes.  Los países anglosajones (y aquí también meto a Estados Unidos) parece ser que cojean de Hobbes… Desconfiadillos, recalcitrantes, la Historia de EEUU se formó a base de winchesters y cientos de miles de facturas en mesas y sillas de saloon, destrozadas en cien mil tiroteos por un quíteme allí esas reses… Ahí tienen al bueno de Lynch – creador omnímodo del vocablo “lynchamiento” – o a Harry el sucio mascullando, “Vamos, alégrame el día” (Dirty Harry, Don Siegel, 1971). Tanto es así, que cuando un colgadete se cargó a un montón de chavales en un instituto a tiros, mientras la polémica en Europa era cómo es posible que chavales tan jóvenes tuvieran acceso a comprar armas de fuego mortales, y nos llevábamos las manos a la cabeza, allí la polémica era por qué mi hijo no llevaba otra pistola. Bien pensado, si los treinta de clase hubieran llevado una magnum como Harry en la mochila, al lado del emparedado de manteca de cacahuete, el colgadete hubiera matado a uno, tal vez a dos, pero nunca a diecisiete. Se lo hubieran cepillado antes. Después de este razonamiento seré anatemizado e incomprendido por muchos, por casi todos, excepto por diecisiete familias que ya no verán crecer a unos hijos en la flor de su vida y que ya no les darán nietos. Otra cosa curiosa de estos “locos desconfiados” son las sentencias y las penas a las que se condena a los bestias, energúmenos, psicópatas, violadores de críos… El juez levanta el martillo y dice: el estado de Nowhere le condena a usted John Noname a un ¡mínimo! de cuarenta años y a un ¡máximo! de setenta. O sea, de los cuarenta ya no le libra ni el genio de Aladín, y como se porte mal y toque las narices en el penal, se come setenta. Eso sin contar la cadena perpetua para la que no se les encoge el martillo. Tal vez, un tanto inútil, esté de más la pena de muerte, los pone a la altura de los colgados y no termino yo de ver su efectividad disuasoria; ahora, lo de los trabajos forzados, ¡oye, qué invento! ¡Con la de bosque bajo que hay en la España combustible para descascarillar y con lo mal que se hacen las autovías en España, la de baches…! Yo les pondría hasta un sueldo, unos ahorrillos para cuando salgan… si salen. Tienen claro que son “objetos defectuosos” y simplemente se retiran de la circulación, son “fallos” sociales. (El Expreso de Medianoche, Midnight Express – Alan, Parker, 1978)
Los países europeos creemos en Peter Pan – el niño que nunca crece y por tanto no sujeto a la ley, por ser menor, claro. Somos garantistas porque, encima, que un tipo viole y descuartice a una cría es por culpa de la sociedad; suspiramos por la reinserción de lo inreinsertable, creemos a pies juntillas que la peña se regenera. Nuestras fuerzas del orden público escuchan “Vamos, alégrame el día”:“como me toques se te cae el pelo”. Nos sentimos tan culpables por culpa de nuestra pérfida sociedad que vienen de otras sociedades a delinquir aquí, que sale más barato. Y yo me pregunto qué culpa tengo yo, como sociedad, de que un mafioso albano-kosovar sea un cafre. Al parecer, toda. Nuestras cárceles se convierten en ambulatorios psicológicos, con más comodidades que los hoteles Meliá, hasta tal punto que muchos le pegan un capón al guardia de la puerta para que los vuelvan a meter en su suite, que fuera hace mucho frío. Las leyes se vuelven contra la sociedad porque se cumplen mal, si se cumplen, porque el homo lupus homini de Hobbes se va acomodando a que la ley garantice al delincuente, se les considere ciudadanos con lo mismos derechos que sus víctimas: los policías muerden las puntas de las porras, se miran intranquilos y suplican con ojos de borrego a sus representantes sindicales que clamen en el desierto.
Cualquier día veremos que unos ladrones han robado un banco y han amenazado al cajero con partirle la cabeza con una edición de lujo de la Constitución de 1978.
El sindiós al que nos lleva la pérdida de miedo a la autoridad no ha hecho nada más que empezar. Los pijo-borrokiles de Pozuelo en Madrid han dado una buena muestra de cuál es el estado de temor en el que vive la gentucilla ante la presencia de la AUTORIDAD. Y luego, resulta curioso como, desde algunos sectores progres, les mole el hecho de que los molotoveros sean de clase bien. En este sindiós, ¡hasta los pijos tienen derecho a reírse de las leyes! ¿También vamos a meter la lucha de clases en el vandalismo? Ha quedado para los anales – de año – de la Historia la grabación del supermegapijo incendiario llamando a la policía “homosessssuaaaal” con voz de lagarto Lacoste. Afortunadamente, en este caso, para la policía y para todos, como en el caso de las putas de Barcelona, “trabajando” al lado de los puestos de garrapiñadas y en frente de los mcdonalds, hay imágenes y las han sacado en la diosa minerva de nuestro siglo: la tele. Si no, ¡ya me contaréis de qué!
Mi padre me cuenta que en su época, viniendo por un camino entre limoneros y naranjos con una bolsa de los preciados cítricos que le había regalado su tío treinta taúllas más p’allá, si tenía la desgracia de cruzarse con una pareja de Guardia Civiles, primero le soltaban la hostia y luego le decían. “¡Buenos días, ¿qué llevas ahí?!” Bueno, pues ni tanto ni tan calvo.
Y estamos de un calvoooo… Tanto en el caso de Rousseau, como en el caso de Hobbes, ambos sí estaban de acuerdo en una cosa: el sindiós lo tenemos servido, sea porque la sociedad es mala y hace al hombre malo, porque el hombre es malo y hace la sociedad mala… o porque los hombres somos tontos y malos y como decía Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) “Tonto es el que hace tonterías”, no hay más.

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Written by ariovisto

9 septiembre 2009 a 10:29 am

Publicado en 1. Reflexiones

7 comentarios

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  1. Gracias por tu comentario y elogios, Ariovisto.
    Ya no escribo en donde sabes. Me terminé de aburrir y/o de decepcionar, y ando muy liado de trabajo como para dedicar el tiempo a esos menesteres.
    Sólo publico de vez en cuando en MilNaciones, unas veces artículos nuevos (pocas) y las más de los viejos, que arreglo y reviso para ponerlos al día.
    Abrazos.

    Chinito

    9 septiembre 2009 at 5:28 pm

  2. Hola Ariovisto,
    Habrá que recurrir al genio de Aladín… A los malos allá lejos no les libra de su condena mínima, pero aquí… qué sé yo… Algo podrá hacer, ¿no? Estando todo como está, por poco poder que tenga, seguro que algo puede mejorar…
    Dos besos esperanzados!

    saporima

    9 septiembre 2009 at 10:05 pm

  3. Are you not a little thing, sweetheart?
    Anyway, have you seen the posh spaniards fucking around in the streets? What a mess, what a generation of shite? What a ….
    (You’ll have to excuse my language, darling, but I am very angry)
    YourMurphy

    McMurphy

    9 septiembre 2009 at 10:44 pm

  4. Hola ariovisto,
    yo creo que los propios sociatas son conscientes de la estrecha relación que hay entre socialismo y delincuencia. Algo parecido a lo que les pasa con el terrorismo y los judíos. Posiblemente en el origen de los tiempos establecieran la relación mental obrero-delincuente, rico-honrado, y como ellos están con los humildes, pues también se pusieron de parte de los delincuentes, para redondear. Quizá empezaron comprendiendo al que robaba pan para comer y han acabado abrazando al resto de delincuentes y depravados. Y de ése cacao mental que tienen vienen las leyes que sufrimos: comprensivas, tolerantes, magnánimas con todo tipo de desgraciados y absurdas para la gente honrada.

    Un abrazo

    dicybug

    9 septiembre 2009 at 11:16 pm

  5. Magnífica entrada. Cuando leí El contrato social casi acabo en el hospital con un infarto. Lo tengo lleno de anotaciones en los márgenes.

    Un abrazo.

    No a todo

    10 septiembre 2009 at 4:57 pm

  6. Profe, qué asco de país. Se cuida más al delincuente que a la víctima.

    Qué asco.

    BESOS.

    Puri

    10 septiembre 2009 at 9:18 pm

  7. De hecho yo estoy empezando a pensar que si no apruebo la oposición, lo mejor será ir a darle dos guantazos al primer policía que me encuentre, a ver si así me llevan a la cárcel y me olvido de estudiar, de pagar facturas, de lo enmierdado que está el mercado laboral…

    Respecto a los trabajos forzados, no son buena idea. Con la de paro que hay, mejor que trabaje gente que lo necesita, que tal y como están las cosas, trabajar ya no es una necesidad, sino un lujo.

    variablex

    11 septiembre 2009 at 3:19 am


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