ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Neosurbarroquismo

No tengo la menor duda de que estamos volviendo al Barroco más descarnado. Sí, sí… soy un creedor y un temedor de los ciclos económicos de Kondratieff, Nikolai Diemtreivch. Y la verdad es que da yuyu empezar a contar entre los 48 y los 60 años que según el tovarich duraba lo que el llamaba un “ciclo económico largo”. Tal vez esta crisis no sea sino un esputo violento, un gargajo,  una “pérdida” – que no “perdida”- un estertor agónico y moribundo de lo que se nos venga encima.

Social y espirtualmente es así. El Barroco se caracterizaba por una desconfianza obsesiva por la realidad, una tendencia al onirismo  y una vuelta a los madres mías y las dioses míos. Paño de black velvet ajustando las mandíbulas del macilento trozo de choped que aguarda el crematorio, y sensación asfixiante de tempus fugit. Se trata de un barroco descreído y prepotente que se podría ismoízar como neo-surbarroquismo. Aquí no se fía ni dios  de la realidad, ni siquiera del vecino, a todos sitios llegamos tarde y aunque aparentemente retorcidos y altaneros, más bien cobardones  y de la virgen del puño. La publicidad televisiva es el culmen de que vivimos en una gran farsa, donde todos representamos un papel adjudicado por los dioses o por el mecanicismo voraz y donde podríamos llevar una pegatina en el capó del coche que rezara: “nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira…” Que se lo digan a Elton Jhon.

Desnudo bajando la escalera, nº 2 (Marcel Duchamp, 1912)

Recuerdo una gloriosa clase de mi profesor de Contemporánea cuando en un pase de diapositivas intentaba explicarnos la descomposición de la realidad en movimiento camino del cubismo o cubiterismo – de cubitera – en pleno principio del siglo XX. “A continuación – voz gangosa en fondo de patio andaluz – “Señorita desnuda bajando la escalera”. Automáticamente los rostros de todos se giraron como un resorte ante tan sugerente título. Ojos en posición coreana, gafas que se empañan, codazos, revuelos. Y por fin la diapositiva venía a la luz entre la decepción del auditorio más salío que la bandera de un casino, y la sonrisa socarrona y ladeada mientras nuestra eminencia se liaba su tercer porro de marihuana con la maquinita… porque en aquella época, en la que éramos más libres, los profes se podían liar porros con maquinita, ahora se deprimen totalmente anacanabinados….

Para contemplar y saber la belleza hay que sufrir. Es una vieja teoría neogongorina, – incluso neoplatónica, por supuesto – similar al camino ascético de cualquier místico atento al silbo del pastor del milquinientos (no el coche). Sufrir para ver el rostro de Dios. La lectura convertida en un vía crucis catárquico que busca más allá de los trazos marrones y desarticulados el triángulo negro del deseo en la tipa que baja la escalera… desnuda para quien la ve vestido de ignorancia. Y si no, miren al que nació a una nariz pegado:

Era del año la estación florida,

en que el mentido robador de Europa,

media luna las armas de su frente

y el sol todos los rayos de su pelo,

5 luciente honor del cielo

en campos de zafiro pace estrellas

Dámaso Alonso la intentó traducir…

Era aquella florida estación del año en que el sol entra en el signo de Tauro (signo del zodiaco que recuerda la engañosa transformación de Júpiter para raptar a Europa). Entra el sol en Tauro por el mes de abril, y entonces el toro celeste (armada su frente por la media luna de los cuernos, luciente e iluminado por la luz del sol, traspasado de tal manera por el sol que se confunden los rayos del astro y el pelo del animal) parece que pace estrellas en los campos azul zafiro del cielo.

Vamos, que estamos en Abril.. ¿Qué merito tendría decir “estamos en Abril”? La literatura se convierte en un Everest que nos desafía. ¿Qué sentido tiene complicar la literatura? ¿Qué sentido tiene culminar el Everest?

Viva imagen de lo nuestro, de nuestros tiempos, donde esta realidad pocha, difusa, hecha a carboncillo por el photoshop, huye de la realidad dejándose caer en brazos de lo complejo, de lo catárquico. Sociedad rayana el masoquismo, fingiendo sencillez en un mundo maquiavélicamente complejo. Mucho tiene que decir nuestro primer masoquista, nuestro masoquista por excelencia – salvedad sea hecha de Gallardón -, Alonso Quijano trasmutándose en una máquina de joder el invento de la realidad falsa, refalseando la realidad, creando y recreando desde caballo y morrión hasta amante y gobernador. Y encima, haciéndose el loco. No estaba él dispuesto, ni mucho menos, a dejarse sentar en la mecedora a dar de comer a las moscas, y bien que revolvió, retorció y abaldoquinó su vida hasta la más retorcida retorcedura barroca.

¿No somos acaso esta generación una generación que necesita complicarse la vida? Sin duda. De las cosas que utilizamos a diario, sólo son realmente necesarias un 10 % (Dios vuelve en una harley, Joan Brady.. Las voces del desierto, Marlo Morgan y cien mil más…)

Somos barrocos, pero mucho. ¿A quién no le gustaría ser su propio personaje? Reinventarse hasta el postrero paroxismo. Expertos en el fingimiento, la máscara y el coturno, diestros albayaldadores, soñadores por cobardes o por locos, la mentira se convierte en el camino de engañar el sufrimiento y nos recreamos en él aplastados en un folio, intentando libar con fruición las pocas gotas de belleza que van quedando en este mundo… caledoiscópico mundo de cristales de cien mil mentirosos colores.

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Written by ariovisto

3 octubre 2009 a 11:34 pm

Publicado en 3. Literaria

7 comentarios

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  1. ke tas fumao?

    La pobre Romina debe estar llorando en una esquina después de haber leído esto.

    ¡Joder, es que esto no lo disecciona ni saporima! De hecho puede que le dé un telele cuando lo lea…

    Voy a pensar en lo del postrero paroxismo mientras corro un rato…
    Un abrazo

    dicybug

    4 octubre 2009 at 12:25 am

  2. Hola Ariovisto,
    Te he leído… Pero sólo una vez… Necesito unas tres mil doscientas veces más… Mañana te comento!! 🙂
    Dos besos!!

    saporima

    4 octubre 2009 at 1:50 am

  3. Pues yo, cuanto más lo leo más claro lo veo.

    Sin ninguna duda es “la gallina”

    ariovisto

    4 octubre 2009 at 1:59 am

  4. Me ha encantado, Ariovisto.

    Por cierto, menudo lavado de cara.

    Un abrazo.

    No a todo

    4 octubre 2009 at 3:14 pm

  5. Hola Ariovisto,
    Ahora ya me resulta mucho más claro… Eso sí, he tenido que leerlo varias veces.
    El final es precioso: “intentando libar con fruición las pocas gotas de belleza que van quedando en este mundo… caledoiscópico mundo de cristales de cien mil mentirosos colores.”
    Dos besos!!

    saporima

    4 octubre 2009 at 9:40 pm

  6. Prooooooooooooooooofeeeeeee, ¡mañana te comento…!

    BEEEEEEEEEEESOOOOOOOOOOOOS,

    Puri

    4 octubre 2009 at 10:20 pm

  7. Es curioso, más de una vez yo he pensado lo mismo… que el post modernismo está derivando en una especie de bárroco en el que el currante de a pié pasa hambre mientras el rico trata de tapar las miserias que no es capaz de reparar con dogmas, con colores, con horror vacui, y con dinero.

    Empieza a haber una élite artística y pensadora que dice a los demás como tienen que ver y pensar las cosas, a sueldo de los que les pueden pagar y con el objetivo de tener tranquilito al pueblo llano, que mirando su plato con algo de comida, repite, tal y como le han enseñado: “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

    Lo importante del bárroco es estar en el lado de la élite, supongo.

    variablex

    7 octubre 2009 at 12:26 am


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