ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

The Family Man

    Es una película de Nicolas Cage donde, como siempre, en Navidad se obra el milagro del “malapersona” que se redime en “buenapersona” por mor de una buena acción. Entretenida para verla con niños pequeños y con lección moral incluida, gracias al papel de este actor que está entre la lista de mis elegidos.

    Viene al hilo porque estamos en Navidad y porque últimamente se habla mucho de la familia, de la importancia como eje de la organización social y de la vida cotidiana. Lo cual no supone sino una verdad de Pero Gruyo, porque, ¿sobre qué otra cosa se espera que se asiente la estructura humana y social? Espero que ni en Ferraz, ni en Génova… dios nos libre.

    La desestructuración familiar, el aumento vertiginoso de los divorcios, la desintegración de la autoridad de los padres – sujetos a la espada de Damocles de un tal señor Trauma (¿Trauman Capote?)- la falta de respeto por los mayores, el escaso diálogo, el creciente egoísmo, el índice de natalidad similar al del lince ibérico, el vivir para trabajar… Es cierto que la familia está en crisis y es, por tanto, entendible que los sectores conservadores de nuestra sociedad intenten llamar la atención sobre este hecho y defiendan sus ideas del mismo modo que Zerolo y Aído defienden las suyas.

    Pero, ¿qué fue primero? ¿la gallina o el huevo? Quiero decir, ¿qué se ha desestructurado primero, el individuo o su conjunto? Tal vez los torpedos nos vengan por las dos amuras, tanto la de babor como la de estribor. Lo que es cierto es que la tan manida “crisis de valores” es patente y evidente y que en el fondo todo se reduce a que nadie está dispuesto a darse un mal trago por nadie… incluido ya en el colmo extremo, ni siquiera por un familiar allegado… ¡ni por un hijo! Lo aborto, lo empaqueto o lo ignoro. Con los abuelos ya te cagas… y es que somos tan chics que todo lo que impide mi justo y necesario desfogue sobra como el papel de un caramelo.

    El concepto de sufrimiento por los demás parece sacado del feudo-vasallaje. Entregarse por el otro, ser empático, adelantarse a una necesidad, dar muestras de cariño, queda sometido a una moral más material que nunca. “Si quieres conseguir esto, haz esto otro”. Todo lo hemos mercantilizado. Queda de la edad del indalo dar un beso porque sí, porque nos apetece. Dar un beso requiere recibo, albarán y factura… ¿y tú qué me das?

    Cuando esta visión tan moderna se adhiere adiposamente en la familia – lejos queda la moral formal kantiana de “obra bien por ti, por tu íntima felicidad, sin esperar nada a cambio” – se nos ha metido un gol por toda la escuadra y entonces todo hace aguas. No hay que olvidar que el sustantivo “familia” es un sustantivo singular, femenino, concreto y sobre todo colectivo. La familia es la suma de individuos, y si el individuo viene agusanado, te jode el frutero, por muy hermosas y orondas que sean las manzanas y muy buen tronco tenga el manzano.

    La realidad corre muy deprisa. El propio Heráclito fliparía con lo rápido que “fluye” todo. Esto no es el devenir caótico, es el hiperdevenir en el Halcón Milenario de Hans Solo. Es cierto que la familia entendida tal y como la entiende cada generación es como empeñarse en que una pieza de puzle encaje donde no toca, por mucho que el color, la textura y el tono encajaría a nuestro antojo. Y está claro que si no te adaptas al nuevo puzle pereces, y que nuestros hijos ya son expertos en hipocresías, sonrisitas navideñas y camaleónicas situaciones que, tal vez, a nosotros ya nos escandalizan. Porque el ser humano evoluciona al ritmo de sus mentiras, y este ritmo es precisamente el que está llevando a las familias a un trámite similar a casarse por la iglesia: queda más mono, pero poco más.

    La realidad corre muy deprisa. Yo no veo el avance por ningún sitio. Lo entiendo más como una suerte de involución donde el coherente sufre y es tachado de intransigente. El que no está por participar en esta farsa es tildado de aguafiestas, joderrollos o chafanuits. Tal vez, cuando nos estudien en los libros de Historia, del mismo modo que al siglo XVIII se le llamó el siglo de la Ilustración, al XVI y al XVII se les llamó de Oro, tal vez el XXI sea conocido como el Siglo Hipócrita… hipocresía útil, pragmática, necesaria. Claro. A ver quién es el guapo…

    Siempre que pienso estas cosas, me sueno a mi padre con el mismo rollo hará 30 años – tal vez más alambicado – de resistirte a haber sido superado por los tiempos. Signa aetatis… u O tempora o mores! Por eso, de momento, me parece certero acabar pensando que la familia debe quedar limitada a aquello que te quepa en los brazos… pues en todos sitios cuecen habas, y en todos huelen a habas cocidas.

    La familia es necesaria, de acuerdo. Pero el individuo – o la individua – más… sobre todo si te quiere.

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Written by ariovisto

28 diciembre 2009 a 8:53 am

Publicado en 1. Reflexiones

5 comentarios

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  1. Hola Ariovisto,

    Me apunto la recomendación. La veré con las niñas. Gracias!! 🙂

    “La familia debe quedar limitada a aquello que te quepa en los brazos”
    “La familia es necesaria, de acuerdo. Pero el individuo – o la individua – más… sobre todo si te quiere.”

    Ninguna fórmula es perfecta, pero efectivamente compartir tu vida con alguien y tener hijos es para muchas personas la mejor de todas ellas. No creo que el ser humano, como conjunto, llegue nunca a renunciar a ella.

    Los problemas aparecen quizá cuando consideramos el concepto de familia en su sentido más amplio…

    Dos besos!!

    PD. “índice de natalidad similar al del lince ibérico” 🙂

    saporima

    28 diciembre 2009 at 10:35 am

  2. Hola Ariovisto,

    “All I want for Christmas is you” – Maria Carey

    “[…] More than you could ever know”

    Bonita. 🙂 🙂 🙂

    Dos besos!!

    saporima

    28 diciembre 2009 at 1:39 pm

  3. Hola Ariovisto,
    Acabo de entrar en tu noticia destacada de hoy.
    🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂
    Dos besos!!

    saporima

    28 diciembre 2009 at 10:16 pm

  4. Ugh, me pasa como a los gatos escaldados, que huyen del agua fria. Cada vez que oigo hablar de “la desestructuracion de la familia” se me ponen los pelos de punta y me quedo esperando a ver cuando se me va a empezar a acusar de ser responsable de la desintegracion de los valores familiares y culturales occidentales con esa mania de que cada cual se case y tenga una familia con quien mejor le parezca.

    Para mi la familia tambien es importante, aunque hay que reconocer que con frecuencia nos da disgustos y sinsabores variados. Estas navidades no me puedo quejar yo de la mia, aunque admito que otros modelos de familia propuestos por algunos amigos mios, tambien pueden tener sus ventajas.

    Un saludo y que pases felices dias con los tuyos.

    variablex

    29 diciembre 2009 at 11:42 am

  5. Profe, estoy de acuerdo contigo.

    ¿Qué educación se les da hoy día a niños y jóvenes? ¿Qué educación, cuando vas por la calle y ves alguna fechoría de críos y te toca callarte porque se te embisten cuan gallitos de pelea, y los papis los primeros, si les dices algo? ¿Qué educación, cuando un profesor levanta la voz a un joven y encima van los padres a pedir explicaciones al docente por si ocasiona traumas a su hijo/a? ¿Qué educación, cuando muchos compañeros de clase desprecian y se burlan de los gorditos, de los discapacitados, de los estudiosos, de los formales o de los que llevan gafas o cualquier tipo de prótesis? ¿Qué educación, cuando cuanto antes beban, fumen o prueben las drogas más éxito tienen entre la pandilla de amiguetes? ¿Qué educación, cuando muchos niños y jóvenes llegan a casa y su única compañía es una televisión monopolizada por la cultura de la violencia, el morbo y el culto a los cuerpos <>?

    No hay valores. No valoramos la vida, el medio ambiente. Pero, por encima de todo, no valoramos a las personas; somos criticones y cotillas, medimos a la gente por su físico y su <>, hablamos y creamos bulos sin ser conscientes del daño que podemos hacer, no prestamos la suficiente atención a los que tenemos alrededor, vamos a nuestra bola y pasamos de problemas, de marrones y de sinsabores, nos reímos de aquellos que aún creen en el romanticismo y en la amistad incondicional, nos saltamos semáforos y pasos de cebra con el coche y hacemos butifarras con chulería a quien nos recrimina nuestra conducta, etc, etc, etc. No valoramos el interior y los cimientos de las personas, no valoramos lo que vale el pensamiento de alguien y sólo nos fijamos en la fachada… Y si todo esto ya es peligroso en los adultos, qué ejemplo para los niños y jóvenes, los adultos del mañana, cuya personalidad aún está en desarrollo.

    BESAZOS,

    Puri

    29 diciembre 2009 at 10:08 pm


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