ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

“Insoportablemente banales”

“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”

La frase de Miguel Delibes es la frase del día (v. supra), no la he buscado yo, ni la he enlazado ad hoc. Supongo que los de la página del enlace sí lo habrán hecho ante la muerte de este insigne prosista. Y es una frase que cobra sentido y cobra relevancia ahora que, como siempre, muerto el rey, viva el rey.

Delibes no me gusta especialmente. Lo cierto es que los prosistas españoles de mi agrado se van lejos, se remontan a Clarín, Galdós, Valera o a Pardo Bazán o más atrás. Ni siquiera Cela, con sus renglones llenos de minas antipersona, me mueve al deseo de su lectura. Sabes que leerlos es meterse en problemas. Son vericuetos demasiado artificiales… su prosa parece poesía muerta.

A todos nos obligaron a analizar a disgusto las andanzas de Daniel, el Mochuelo Germán, El Tiñoso y Roque, El Moñigo, en su particular “camino” de travesuras infantiles; y gracias a Paco Rabal y a Alfredo Landa, incluso algunos supieron de la existencia de Los Santos Inocentes y aquel memorable “Paco, agarra el bolígrafo y escribe tu nombre” que le espeta el odioso señorito (Juan Diego) o “Quia, quiá, milana bonita” y al detalle escatológico de Azarías orinándose en las manos, cortadas por el frío, más tarde cortadas por la soga.

Te sorprende que una de las novelas prescritas para los extranjeros que se tienen que examinar de español sea Cinco horas con Mario, que a mí me parecieron treinta horas conmigo mismo. Resulta curioso que alguien aprenda español hablando con un cadáver. Ahora La mortaja definitiva aguarda a alguien que mimó el lenguaje hasta el extremo de hacer infinitamente alargada la sombra del ciprés hasta hacerla frase de uso cotidiano en el castellano.

Que a mí no me guste especialmente no quiere decir nada, por supuesto. A los “nietos” de Alfred Nobel tampoco. No conceder el premio Nobel al vallisoletano desprestigia a los propios  Nobel, item más después de las rifas de medallones que se han despachado los elitistas socios de este egregio club de comedores de salmón. Los últimos premios Nobel de literatura han sido pintorescos, ofuscados y tibios. Delibes ha escrito casi 70 novelas y la peor de ellas supera en calidad a la mejor – y normalmente única – de cualquier Mamuhad o Rabindanprán, Teki Oko o Bangui Bolongo que suelen escribir con brocha de recortar paredes, o con destornillador y soldador. En calidad, porque Delibes era un profesional de la prosa. ¿Demasiado profesional?

Ahora es cuando retomo la frase del día. Todo es banalidad en los vivos. Premios, reconocimientos, parabienes, aperturas de telediarios. En este país no se lee una mierda, y somos unos hipocritones del carajo. Las generaciones talluditas tenemos ciertamente una sombra, un destello, un balbuceo de Azarías de quién fue Delibes. Pero los que nos siguen ya no saben si Delibes es un futbolista, un político o algún familiar de Jesulín. Delibes se adelantó a toda esta mantequilla derretida de sociedad con su lacónico “comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”

Me preocupa el grado de banalidad de los vivos. Estos días ando de hospital por un tema familiar grave y me llama poderosamente la atención el grado de banalidad y la falta de trascendencia de las cosas. El sano y vivo en su afán: ajeno a lo humano. Todo se artificializa y se deshumaniza hasta el cemento. Vemos el sufrimiento con una distancia y una normalidad gélida, insultante para cualquier otra época. Tenemos tendencia a objetivizar al dolor y al enfermo. Lo hacemos cosa, pronto…rápido… con un desapego descarnado. Vemos al enfermo como una mera continuación de la sonda a la que se aferra. Trazamos una mampara irrompible entre el miedo y la no aceptación de una realidad tan cierta como la redondez del mundo.

Obviamente es un mecanismo de defensa. Saltan mil excusas, claro. Pero somos insoportablemente banales, superficiales. La vida nos miente, y hay que darle gracias. El otro día se lo comentaba a un amigo “Vivir es una excusa para no estar muerto”.

España no puede permitirse el lujo de seguir perdiendo gente de este calibre intelectual, al margen de las preferencias. Ahora Delibes descansa, se le acabó la excusa y desde los renglones celestiales nos observará atónitos viendo cómo nos comportamos como el cabronazo del señorito Iván.. diciéndole a la vida y a sus importunidades…

“- No me jodas, Paco.”


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Written by ariovisto

14 marzo 2010 a 1:15 pm

Publicado en 1. Reflexiones

8 comentarios

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  1. Hola Ariovisto,
    Es un bonito homenaje a Delibes. A través de tus palabras y los enlaces que has seleccionado yo también he podido recordarle. Gracias!!
    Espero que pronto se recupere tu familiar enfermo. Cuando ocurren cosas así nos damos cuenta de que muchas veces nos preocupamos por problemas insustanciales que se deshacen como una figura de arena cuando se encuentran frente a un problema real e importante.
    Muchos besos y todo mi cariño para esta época difícil!!!

    saporima

    14 marzo 2010 at 5:26 pm

  2. Todo lo que leí de Delibes lo leí con quince años; El camino, El príncipe destronado, Los santos inocentes, Cinco horas con Mario y Las ratas. Me gustaron todos, excepto Las ratas, que seguro que hoy vería con otros ojos.

    En cuanto a lo de tu pariente, entiendo muy bien a lo que te refieres. Muchísimo ánimo y espero que se recupere lo antes posible.

    Un fuerte abrazo.

    No a todo

    14 marzo 2010 at 10:54 pm

  3. Ya sabes que yo desconfío de cualquier autor conocido. Difícilmente mis gustos literarios pueden ser los mismos que los de los que encumbran a estos autores.

    Famoso=ladrillo.

    Recuerdo con horror El escarabajo, La familia de Pascual Duarte, La Caverna o El amor en los tiempos del cólera. Todas grandes obras, para masoquistas o torturadores sin piedad, pero no para una persona normal.

    Me da que hay mucha gente que se mete a escritor sin valer, a falta de valía para otro trabajo mejor. Saramago es un claro ejemplo. Uno no se convierte en escritor echándole horas. O se nace, o te conviertes en un bulto sospechoso que solo aprecian los que son igual de fracasados que tú.

    ¿Profesional de la prosa? No suena muy bien. Suena a empeño, pero falto de talento.

    Nada de lo anterior es referencia directa a Delibes. Solo digo que si es alabado por otros escritores, mejor buscaré otra cosa para leer.

    dicybug

    14 marzo 2010 at 11:47 pm

  4. Proooooooooooooofeeeeeeeeeeeee…

    ¿Recuerdas mi post sobre Delibes…? Yo sí le hubiese dado el Nobel… Pero -y nunca mejor dicho- sobre gustos no hay nada escrito.

    ¡Jajajajajjjjjjjjjjjjjjjjj, voy a jubilar a Óscar y Jordi 😀 😀 😀 😀 😀 ! Ea, ¡no he podido antes!

    MIL KISSSSS, MY DEAR PROFE,

    Puri

    15 marzo 2010 at 9:16 pm

  5. No se puede perder lo que nunca se ha tenido. En mi caso, no puedo perder la capacidad de hacer dos cosas a la vez, puesto que jamás fue uno de mis dones. Puedo hacer dos cosas a la vez, pero las dos mal.

    De Delibes leí “Mi querida bicicleta”, un pequeño librito, tímido, olvidado, autobiográfico, del que nadie habla nunca, y que, si mal no recuerdo fue el primer libro que me hizo pensar que algún día me gustaría ser capaz de escribir yo así de bien (por aquel entonces tendría yo unos 12 años). Si no lo leí quince veces, no lo leí ninguna. Eso me animó a leer otras obras más importantes de Delibes cuando me hice más mayor, pero, o yo no era aún suficientemente mayor para entenderlas, o eran terríblemente soporíferas.

    Me pasa un poco como a tí, sólo que yo, en vez de irme hacia atrás (ojo, que me gusta Cervantes y Quevedo tanto como a cualquiera) prefiero irme a los autores españoles más modernos. La literatura de gentes como Cela o Delibes me dan un saborcillo a demasiado artístico, igual que muchas películas del cine español. Es como si para que algo sea artístico tuviese que ser también aburridísimo y lleno de figuras literarias de todo tipo.

    Eso no quita que crea que Delibes NO se merecía el Nobel. Teniendo en cuenta a quién le dan los premios Nobel, habría supuesto un desprestigio para su carrera. Si a mí me otorgasen un premio Nobel me daría vergüenza. Por suerte no creo que en mi vida llegue a hacer nada para merecer tamaño deshonor, y supongo que Delibes tampoco lo hizo. A mí no me gustaba lo que escribía, pero… escribía muy bien.

    variablex

    15 marzo 2010 at 10:12 pm

  6. Me avergüenza decirlo, pero no he leido nada de Delibes…tendré que hacelro a título póstumo.

    Un besazo de la naranja explosiva…yeeeeeeaaaaaaahhhhhhhh!!!

    altisidora

    17 marzo 2010 at 2:14 pm

  7. Por cierto, bonita foto de Huelva: la verdad es que es una imagen maravillosa. Es una pena que lo que ves desde ese bonito mirador sea el Polo Químico contaminándolo todo. De descubrir un Nuevo Mundo a ni poder meter los pies en el agua…

    altisidora

    17 marzo 2010 at 2:16 pm

  8. Tampoco yo leí mucho sobre Delibes, pero sí me tocó analizar los textos de Roque el Mochuelo. Y coincido contigo: no seremos muy instruidos pero en comparación con los mozalbetes logsianos nos merecemos el premio Nobel.
    Descanse en paz el hombre y el escritor.
    Un abrazo.

    milnaciones

    19 marzo 2010 at 12:30 am


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