ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Aromas de otros mundos

Mi gato anda con la barriga descompuesta. Hemos estado unos días fuera, tres. Tal vez no esté acostumbrado a esas soledades y haya estado un poco estresado. Desde que era una rata rubia ha tenido siempre la compañía de los que con él moramos, y, todo lo más, ha pasado una noche solo. Esta vez han sido dos y tres días casi enteros. Es un gato muy sensible, asustadizo e hijo adoptivo de una compleja raza. Normal que se estrese un poco.


Mi gato se comunica con el exterior por su olfato. Desde cachorro nos ha parecido un poco torpón con la vista y el oído lo tiene demasiado selectivo, pues sólo oye lo que quiere. Siempre que alguien entra o viene del exterior – que viene a ser lo mismo-, pone en marcha sus dedos olfativos y nos cachea de arriba abajo. Normalmente pierde el interés pronto, porque son todos aromas conocidos, su revisión es rápida y acude a sus menesteres y atalayas a seguir rezongando.

Como esta vez veníamos de lejos, se ha dado un festín informativo. Cuando hemos abierto las maletas, ha tardado poco en hacer su peculiar cacheo. Con su cabecita convertida en un perfecto sónar de submarino atómico, cabeceaba y aspiraba los filos de las cremalleras de las maletas, los cantos de los pantalones, las suelas de zapatillas y chanclas, entre las arrugas de la ropa sucia…

El primer aroma que le debió llegar fue a libro nuevo. Su cabecita olisqueó tres volúmenes de lo más dispar: Las Mil y Una Noches, A tres metros sobre el cielo de Federico Moccia y Los Simpsons y la filosofía de Irwin, Conard & Skoble. Tardó poco, apenas el tiempo necesario para tener claro que esos tres volúmenes no eran muy comestibles. Se sintió aliviado, por su relamida innata, ante una camiseta femenina impregnada de cien aromas a caramelo. Luego se paró sobre una sudadera negra de Iron Maiden, y mordisqueó un pañuelo de Skid Row, arrugado y sudado que estaba hecho una boñiga en un lado de la habitación. Posiblemente el heavy no se huela, pero supongo también que debió sacar sus conclusiones; pisó un paquetito de regalo sorpresa y salió derrapando por el parqué cuando alguien le recriminó que mordisqueara el pañuelo.

Volvió al poco, por supuesto, -no era cuestión de perdérselo- para centrarse en una camiseta que debía oler a comida, a juzgar por el tiempo que estuvo sobre ella. Instintivamente la cogí y la olí. Nada especial, tal vez cierto aroma mejicano… pero, ¡tan lejos no habíamos ido! Siguió su análisis olfatográfico sobre una bermuda vaquera que le debió oler a jazmín y congreso, a fuente y a sombra… Al llegar a la siguiente camiseta se recostó sobre ella y empezó a jugar con sus patas traseras. Aromas a lilas, a buganvillas, a pinos, a chopo, a fuente, a paraíso, a jazmín, a… bufff.. pobre gato.. me imagino que sufriría una sobrecarga de información, saturación en sus líneas olfativas, espasmo co-lapsante… Sacudió un poco la cabeza, adoptó postura contorsionada y se lamió en las zonas de nombre difuso. El olor a pizza siempre le provoca esa extraña reacción. La proporción entre olor a buena pizza y contorsión es clara. Se hizo un buen ovillo…

Volvió al ataque cuando le llegó aroma a desierto conflictivo y ardiente, a incienso y a camello, a dinosaurio y grandiosidad, al sacudir una de las sudaderas. Se incorporó ligeramente y olisqueó con más densidad, pudiendo quedar perplejo al oler a edificio en restauración, suelos encristalados y caza de combate. ¿Qué extraña mezcla me traen estos humanos? Se hubiera podido preguntar. Pero el festín aromático guardaba lo mejor, pues se relamía y abría la boca y masticaba junto a uno de los bolsos de viaje que se incorporó encima de la cama, de donde salía un delicioso aroma a paella con pastel de café, a riquísima horchata y farton, a acequia y luz. Salivaba profusamente. Le hubiera gustado tanto como me gustó a mí haber estado por allí aquella tarde. Supongo que el resto de aromas que provenían de una camiseta naranja – bueno, naranja – teja – se le mezcló con risas de niña, colorido y atracción, sensación de bienestar… “Hizo la sábana” y se tomó un respiro, adoptando su postura preferida de estiramiento en forma de salchicha Frankfurt donde la almohada se junta con el colchón.

Al cabo, y en una última pasada, se debió desconcertar por el aroma medicinal que salía de las chanclas de playa que salieron en tropel de una bolsa del mercadona: aromas a eucalipto, a tibieza, burbujeante y refrescante, a tranquilidad a confort buscado y merecido, rematado todo ello con una corona de hamburguesa y plenitud.

Luego sacudió un poco el hocico. Un aroma desagradable… ese aroma a brea y gasoil que se percibe en los andenes, a despedida y a distancia, a tiempo y adiós. Abandonó la habitación con sus típicos movimientos de contoneo gatuno.

Pero sigue intranquilo. Todavía nos huele. Todo pasó ya por la trituradora de la lavadora. Las cosas vuelven a oler a detergente normal y cotidiano. Pero algo ha debido quedar flotando en el ambiente porque se nos acerca y nos huele. Percibe un aroma que no sabe descifrar, un aroma intenso y cálido, que tal vez sólo los humanos podamos oler con la precisión que se merece y que a un gato se escapa. Lo que sé es que le gusta, porque nos olfatea con cara de satisfacción, de incógnito, de fruición, de reconocer en ese olor algo que él quisiera experimentar con la misma intensidad.

“¿Dónde habréis estado?” ¡Miau!

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Written by ariovisto

13 septiembre 2010 a 12:31 pm

Publicado en 4. Personal

5 comentarios

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  1. Es un gato muy guapo. Y tiene un olfato, que ¡ni Sherlock Holmes!

    Los animales no nos entienden del todo cuando les hablamos, pero entienden lo esencial.

    dicybug

    13 septiembre 2010 at 7:02 pm

  2. Hola Ariovisto,
    Vuestro gato habría disfrutado muchísimo esta tarde en mi casa. ¡Se ha inundado de lirios blancos!
    ¿Pero sabes una cosa? Mucho antes de la llegada de los lirios tu gato ya se habría quedado perplejo al encontrar aquí también ese aroma intenso y cálido que describes al final de tu texto.
    Afortunadamente la vida nos hace a veces regalos maravillosos.
    Cuatro besazos!!!!
    🙂 🙂 🙂

    saporima

    13 septiembre 2010 at 10:19 pm

  3. Hola Ariovisto,
    Joan Jett – “I love Rock’n Roll”
    No sé… Me resulta demasiado agresiva.
    Dos besos!!! 🙂

    saporima

    14 septiembre 2010 at 11:57 pm

  4. 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂
    ¡¡Mucho mejor!!
    🙂 🙂 🙂 🙂 🙂
    Gracias!!! 🙂

    saporima

    15 septiembre 2010 at 12:08 am

  5. Yo estoy igual que tu gato, preguntándome dónde “narices” fuiste de vacaciones para traerte una colección de olores como esa. ¡¡Yo también quiero!!

    He pensado en ser claro con la gente del barrio, pero la verdad es que me da un poco de apuro. Además, así es como más divertido y puedo contarlo en el blog, aunque tarde o temprano tendré que explicarles las cosas, porque me da que no se van a dar cuenta por si mismos.

    Según la próxima edición del DSM-V, estamos todos trastornados, lo que explica que tú no entiendas nada y yo tampoco. ¡Todos a tomar psicofármacos!

    variablex

    16 septiembre 2010 at 11:52 pm


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