ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Infirmus amoris (I)

Una de las cosas que más le gusta a mis alumnos cuando explico literatura es cuando les doy una visión diacrónica de las distintas fases por las que ha pasado el tema de la relación hombre-mujer en la literatura. Es un tema que para ellos viene cargado de cierto morbo, y como son una generación de morbosos distraídos, les gusta. Les explico cómo el canon femenino ha sufrido numerosos vaivenes, y las “tallas” femeninas han ido fluctuando desde las XXXL a las XS, lo cual demuestra lo voluble y, a la vez, lo básico que puede ser el espíritu humano.

Si tomamos como modelo a Melibea de Rojas, nos hacemos cargo de cuál era el arquetipo medieval de mujer por aquel entonces.

CALISTO.-  Los ojos verdes rasgados, las pestañas luengas, las cejas delgadas y alzadas, la nariz mediana, la boca pequeña, los dientes menudos y blancos, los labios colorados y grosezuelos, el torno del rostro poco más luengo que redondo, el pecho alto, la redondez y forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se despereza el hombre cuando las mira! La tez lisa, lustrosa, el cuero suyo oscurece la nieve, la color mezclada, cual ella la escogió para sí.

SEMPRONIO.-  (Aparte.) ¡En sus trece está este necio!

CALISTO.-  Las manos pequeñas en mediana manera, de dulce carne acompañadas; los dedos luengos; las uñas en ellos largas y coloradas, que parecen rubíes entre perlas. Aquella proporción, que ver yo no pude, no sin duda, por el bulto de fuera juzgo incomparablemente ser mejor que la que Paris juzgó entre las tres diosas

Fernando de Rojas
(Hacia 1473/1476-1541)

Ni que decir tiene que los medievales iban al grano, y al bulto. Se trataba de un amor muy físico, bastante sexual y en numerosas ocasiones las princesas presas en sus torreones, mientras su señor se daba de hostias defendiendo unas lindes, acababan en el pajar con el jardinero, el palafrenero o el que pasaba por allí, como demuestran muchos romances como el de Fonte Frida, Fonte Frida, son los conocidos romances de las “malmaridadas”: Retacos de labios grosezuelos, dientes pequeños y largas trenzas. Y por supuesto, la tez blanca. Pieles blancas, casi translúcidas, dejando ver las líneas azules de las venas, ejerciendo de señoras ante sus vasallos amadores. Lo que se conoce como “amor cortés”.

En el Renacimiento la mujer se estiliza un poco más, siguen huyendo del moreno paria que indicaría sus trabajos silvestres, pero el pelo se aclara, el cuello se yergue, los ojos se azulean, los pechos buscan la proporción, la armonía y todas ellas ponen sonrisa de “carpe diem”:

Garcilaso de la Vega

(1501-1536)

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena 5

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10

cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.

Todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

La juventud se rebela pero el poeta aconseja moderación. Uno no podía estar loco de amor. El “infirmus amoris” no está permitido en la época de la Naturaleza idílica tomasiana y perfecta. A diferencia del amor medieval, la mujer aporta un amor de frente, sin pajares, que mira a los ojos y a la que le gusta el miedo a lo desconocido. La esbelta y rubia mujer renacentista enciende el corazón, pero lo refrena… Se trata de una mujer, además, especialmente armónica: no se entiende la fea inteligente, ni la rubia tonta; todo debe ser armónico: la belleza es ponderación, equilibrio, atracción total.

El Barroco lo oscurece todo, y la falta de sol y la desconfianza en la razón y en el mundo perfecto promovido por los pastores renacentistas tiene como consecuencia una sociedad estática ante el amor. Y si te paras, llega la celulitis… y Rubens recrea la nueva mujer chaparra y compleja, metafórica y que gusta de la sorpresa, del ingenio de su poeta. El amor barroco es tópico y rutinario, se vuelve esquivo, retorcido e incluso rocambolesco. Y por supuesto antitético, extraño, se trata de un amor de piel de naranja, como una nalga rubensiana, que a trocito suave, viene trocito con tropezón..

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

En el Neoclasicismo todo se hace en deshabillé y con reverence. La mujer española entra en contradicción con las nuevas ideas francesas. Son tantas las cosas que aprender que la belleza neoclásica es un remedo afaisanado del renacimiento y cuando la mujer española finge, lo hace fatal. El “petit maitre” (petimetre) desconcierta a una joven que no sabe si ponerse bragas tradicionalistas modelo Santa Alianza o acolchar sus interiores con museline u organdí. Posiblemente hicieran el amor recitando a Moratín o a Jovellanos, haciéndolo todo, como la tortilla, a la francesa. Es la época de mirar a los ojos del amante levantando el meñique y sosteniendo la peca postiza al ladito de la comisura del labio… entalcada y con peluca postiza…

LA LECHERA

Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
“Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío”
“Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga”
“Llevarélo al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña”.
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.

Llega, por último la femme fatale del romanticismo. La gótica atormentada que arde en pasión imposible. Casi anoréxica, los ojos verdes de la muerte son los ojos buscados por el atormentado pirata que la acecha bajo un jazminero intenso al lado de una cruz invertida, entre nieblas, con unas ruinas de un cementerio a sus espaldas. No son mujeres, son suspiros, son vaho, gasa, esquina difusa, sombras. Amor escuálido cuya pasión las seca por dentro. Sus ojeras te muerden los ojos, sus labios cuarteados te besan a más de 40 de fiebre. Alguien la besa embozado, sin importarle mucho quién sea. Se trata de una pasión enfermiza, condenada a un final de horqueta, de daga, de esqueleto. Los insoportables y misántropos cascarrabias de las buhardillas, fundidos en opio y absenta, entienden que el amor capaz de apagar el fuego de sus corazones se encuentra en los ataúdes, en los ojos verdes de los huracanes,en el rayo, en las olas de doce metros…

DOÑA INÉS:

Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,

que no podré resistir

mucho tiempo sin morir

tan nunca sentido afán.

¡Ah! Callad por compasión,

que oyéndoos me parece

que mi cerebro enloquece

se arde mi corazón.

¡Ah! Me habéis dado a beber

un filtro infernal, sin duda,

que a rendiros os ayuda

la virtud de la mujer.

Tal vez poseéis, don Juan,

un misterioso amuleto

que a vos me atrae en secreto

como irresistible imán.

Tal vez Satán puso en vos:

su vista fascinadora,

su palabra seductora,

y el amor que negó a Dios.

¡Y qué he de hacer ¡ay de mí!

sino caer en vuestros brazos,

si el corazón en pedazos

me vais robando de aquí?

No, don Juan, en poder mío

resistirte no está ya:

yo voy a ti como va

sorbido al mar ese río.

Tu presencia me enajena,

tus palabras me alucinan,

y tus ojos me fascinan,

y tu aliento me envenena.

¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro

de tu hidalga compasión:

o arráncame el corazón,

o ámame porque te adoro.

 

Continuará…

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Written by ariovisto

24 octubre 2010 a 8:44 pm

Publicado en 3. Literaria

7 comentarios

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  1. Hola Ariovisto,

    ¡Qué triste también la historia de Penélope! En su caso él sí volvió, pero demasiado tarde. Aunque a ella se la ve feliz con sus recuerdos. ¿Y él? ¿Fue feliz él?

    Te he leído una única vez. Necesito más tiempo para ponerte mi comentario. Volveré. (Me gusta!!!). 🙂

    Dos besos!!!
    🙂

    saporima

    24 octubre 2010 at 11:38 pm

  2. Será mañana cuando vuelva. Me gusta demasiado y prefiero leerlo con calma y saborear lo que nos cuentas, los poemas que has elegido y la canción. Mañana.
    Buenas noches!!!
    Dos besos!! 🙂

    saporima

    25 octubre 2010 at 12:24 am

  3. Este artículo, ¿es un castigo por algo malo, muy malo, que hice en una vida anterior?

    Veo que no has leído lo último que he publicado. Es acerca de las insinuaciones de Blanco sobre la pluma de Rajoy.

    dicybug

    25 octubre 2010 at 2:18 pm

  4. Quise decir “pasado mañana”…
    Ha sido un día largo. Me temo que tendré que esperar un poco más.
    Buenas noches!! 🙂

    saporima

    26 octubre 2010 at 12:02 am

  5. ¡Qué bonito! Me encanta leer sobre literatura y seguro que tus alumnos están encantados con el profe que les ha tocado en suerte.
    Don Juan Tenorio es de mis obras preferidas…y es que me encanta el Romanticismo. 😀 Gracias profe por la lección.

    lizzybennett

    26 octubre 2010 at 4:48 pm

  6. Hola Ariovisto,

    ¡¡Qué chulada!!

    palafrenero = Mozo de caballos!! 🙂

    “coged de vuestra alegre primavera
    el dulce fruto, antes que el tiempo airado
    cubra de nieve la hermosa cumbre;”

    El otoño también puede ser alegre. ¡Incluso el invierno! Afortunadamente puede haber fruta dulce todo el año. 🙂

    “la mujer aporta un amor de frente, sin pajares, que mira a los ojos” – Me gusta esta frase.

    “una joven que no sabe si ponerse bragas tradicionalistas modelo Santa Alianza o …”

    Esas bragas deben ser una gozada en invierno!! Muy abrigaditas!! 🙂

    “No seas ambiciosa
    de mejor o más próspera fortuna;
    que vivirás ansiosa
    sin que pueda saciarte cosa alguna.
    No anheles impaciente el bien futuro:
    mira que ni el presente está seguro.”

    Estoy totalmente de acuerdo. Hay que disfrutar de lo que se tiene y no desear lo que no se tiene. Es la única forma de ser feliz.

    absenta = bebida alcohólica. (no tenía ni idea, claro!) 🙂

    El párrafo final dedicado al Romanticismo es precioso. Me encanta.

    Y doña Inés me gusta mucho. 🙂

    En cuanto a la canción de Perales, ¿puedes creer que no había oído nunca esa canción? ¡¡Con la cantidad de canciones de Perales que he escuchado en mi vida!!
    Me gusta su voz. Suena a voz de persona buena. Delicada y dulce.

    ===

    Me ha encantado tu post. Gracias!! 🙂
    Dos besos!!!

    saporima

    27 octubre 2010 at 4:01 pm

  7. ¿Esas cosas les enseñas a tus alumnos? A ver si alguien te va a denunciar por corruptor de menores, que hoy en día los padres están a la que salta…

    variablex

    29 octubre 2010 at 10:49 pm


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