ARIOVISTO

Blog que aboga por un urgente Regeneracionismo Intelectual

Peligro: hombres sin miedo

         

         

          No sé de qué nos sorprendemos. Es más, me da que pensar que nos podemos considerar afortunados con que esta sociedad no acabe por autofagocitarse. En una sociedad donde no existe el miedo a nada, no hay que esperar nada más que comportamientos propiamente selváticos. Los monos te mean o te arrojan las sobras masticadas de sus frutas, las ocas y patos te persiguen con escándalo y estrépito, algunos pájaros te picotean, el león te ataca, el perro te muerde. Son comportamientos propios de animales y de seres irracionales. Pero, ¿cómo actúa el ser racional ante la ausencia de miedo? El comportamiento del ser racional sin miedo es dañar al prójimo, robar, engañar, pisar, sojuzgar, someter, corromperse y creerse superior. Entonces el ser humano se convierte en un despojo de sí mismo y no es sino una obscena provocación a su propia autodestrucción. No tener miedo a nada en esta sociedasd es como construir casas sin puertas. ¿Abrimos cualquier periódico?

          Sin miedo a Dios arrumbado, sin miedo al qué dirán cómico, sin miedo al sentido común en mantillas, sin miedo a la ley manoseada, sin miedo a la autoridad vacante, sin miedo al respeto en fuga, sin miedo a la nada más completa… podemos darnos por satisfechos con que no andemos destripándonos por las moquetas, degollándonos por los cafés, decapitándonos por las aceras. Tanto es así que de momento nos contentamos con que sólo nos roben, nos mientan y nos manipulen.

          El miedo es terapéutico. En esta sociedad podrida de euforia temeraria, donde no se teme a Dios, ni al diablo, donde la vida es la única divinidad, traducida en tener y amasar dinero – que en ocasiones jamás se podrá gastar en vida-, ¡qué bueno es el miedo! Hemos desterrado el miedo, y hemos despertado a la gran bestia parda: el ser humano sin miedo, es decir, el político ladrón, el hombre de estado acaparador, el empresario cínico y embustero, el trabajador indolente, el vecino ausente, el hijo agrio, el padre acobardado, el profesor mudo, el alumno sordo, las ideas vacías, la libertad camuflada: la sociedad muerta.

          No sé qué une al antiprogreso con el miedo. O volvemos a las cavernas y nos dejamos de ínfulas o que nos metan en cintura. Podríamos sustituir el miedo por otra cosa más sana y edificante – dirá algún buenista de pajarita y repollo con lazo. Seguro que sí, pero como lo más seguro es que pasen otros 2000 años hasta que alguien encuentre el puto ganso de los huevos de oro, de momento vayamos remojándonos las barbas.

         ¿Por qué ser bueno? ¿Por qué obedecer? ¿Por qué someterse? ¿Qué le quedan a los barrotes de la anoréxica conciencia para ser, por fin, limados y abatidos? ¿Por qué otra cosa tiraría del carro el pollino si no fuera por el miedo al palo? ¿Persiguiendo la inexistente zanahoria de la autocomplacencia?

       Sin miedo, el ser humano canta más que Pavarotti, que Dios lo acoja en su coro.

       Bueno, chao, hasta que la próxima Gran Guerra nos roture.

Pd.- Este texto está obviamente dedicado a los malos, claro, y NO a los que no tenemos más remedio que no serlo.

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Written by ariovisto

24 marzo 2013 a 3:12 pm

Publicado en 1. Reflexiones

Una respuesta

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  1. Es tan agradable sentirse bien cuando intentas ser bueno (aunque no lo consigas del todo!!)!!
    Y te sientes fatal cuando metes la pata y haces algo mal.
    Pero supongo que mucha gente tiene amordazada a su conciencia en lo más profundo de un calabozo.
    Y cuando eso ocurre, y además han sido abolidas todas las medidas externas que intentan forzarnos a hacer lo correcto, estamos perdidos.
    Dos besos!!!

    Buscando a Clara

    24 marzo 2013 at 10:35 pm


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